Confieso que mi simpatía por los Dardenne supera mi satisfacción por esta película. Creo que unas personas capaces de dirigir "La chica desconocida" y de producir "Le fils de Joseph" para mi entienden el mundo y la vida a lo largo y a lo ancho. Sin embargo, interesándome y estimulándome todo lo que plantea esta película no acabo de sentir que se eleven cinematográficamente por encima de la validez del propio planteamiento. "La chica desconocida" es una buena y estimable película sobre los pequeños y grandes abusos o desidias cotidianas de las capas burguesas. Es una película sobre lo que tenemos que ver con esta Europa a la que nos complacemos en definir como terrible (no deja de inquietar que últimamente pongan tanto el acento en "nosotros", tienen razón a medias). Compro lo que me cuentan pero no alzan el vuelo.
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lunes, 13 de noviembre de 2017
sábado, 22 de noviembre de 2014
DOS DÍAS, UNA NOCHE
Si "El niño de la bicicleta" destacaba por su exposición de una mirada y una ética limpia sobre el desfavorecido, la siguiente películas de los hermanos Dardenne no ofrece un camino tan despejado de respuestas tan claras. En aquel caso la claridad era admirable, en éste las preguntas abiertas también lo son a su manera.
No espere el lector un juicio concluyente sobre la película, su mayor y más espléndido mérito es que da que pensar y provoca sensaciones, reflexiones y emociones contradictorias.
Por un lado ofrece un camino de de actitudes dignas, empáticas y solidarias, de confianza en el futuro, en el esfuerzo y en la constancia.
Por un lado pone el foco en preguntar quiénes somos nosotros, los que estamos bajo la bota "de ellos", qué pensamos, qué sentimos, qué nos mueve, cómo actuamos, es necesario que nos lo preguntemos, que no todo descanse en denunciar los abusos.
Por un lado "ellos" no se escapan de la crítica, sus necesidades empresariales acuciantes sobre las que descansan vidas enteras pueden cambiar en un segundo y pueden gravitar sobre un sinfín de decisiones y coyunturas de una caprichosa crueldad.
Por un lado el capitalismo ha jugado tanto a confrontar a la clase obrera con ella misma que ver una vez más ese espectáculo puede parecer un exceso y una legitimación de que se diriman demasiadas cosas en esa confrontación.
"Dos días, una noche" deja en el aire más preguntas qué respuestas, y ésa es su virtud más emocionante, ésa y la interpretación divertidísima de Marion Cotillard, en plan "mira qué camiseta de mercadillo me he puesto, ¿a que parezco una obrera de verdad?", "mira cómo hago la cama de los niños ¿se hará así?". Imposible no quererla.
No espere el lector un juicio concluyente sobre la película, su mayor y más espléndido mérito es que da que pensar y provoca sensaciones, reflexiones y emociones contradictorias.
Por un lado ofrece un camino de de actitudes dignas, empáticas y solidarias, de confianza en el futuro, en el esfuerzo y en la constancia.
Por un lado pone el foco en preguntar quiénes somos nosotros, los que estamos bajo la bota "de ellos", qué pensamos, qué sentimos, qué nos mueve, cómo actuamos, es necesario que nos lo preguntemos, que no todo descanse en denunciar los abusos.
Por un lado "ellos" no se escapan de la crítica, sus necesidades empresariales acuciantes sobre las que descansan vidas enteras pueden cambiar en un segundo y pueden gravitar sobre un sinfín de decisiones y coyunturas de una caprichosa crueldad.
Por un lado el capitalismo ha jugado tanto a confrontar a la clase obrera con ella misma que ver una vez más ese espectáculo puede parecer un exceso y una legitimación de que se diriman demasiadas cosas en esa confrontación.
"Dos días, una noche" deja en el aire más preguntas qué respuestas, y ésa es su virtud más emocionante, ésa y la interpretación divertidísima de Marion Cotillard, en plan "mira qué camiseta de mercadillo me he puesto, ¿a que parezco una obrera de verdad?", "mira cómo hago la cama de los niños ¿se hará así?". Imposible no quererla.
martes, 3 de enero de 2012
EL NIÑO DE LA BICICLETA
Si a las salas ha llegado una película en 2011 con una ética limpia, sólida y clara, es la de los hermanos Dardenne. No he sabido nada de ellos-por desidia mía, claro- desde que irrumpieron con aquella mareante "Rosetta" cuya apuesta estética nunca entendí.
"El niño de la bicicleta" es una película militante, pero sin dar un ápice de sermones, ni de esquematizar todo aquello es que de muy difícil resolución, milita en la responsabilidad de toda una sociedad con la infancia desfavorecida, y es mágica como poseedora de una fe enérgica en que las atribuciones y la expectativas positivas mueven el mundo.
Es una película imprescindible no sólo para la reflexión de educadores, sino para todo ciudadano, lo cual no habría que entender literalmente, pues la propuesta no es embarcarse en una odisea personal como la de la protagonista. es una cuestión de actitudes colectivas, de no usar el chantaje o el rencor en el dominio del rebelde o del desfavorecido, que compleja y simplemente va en desnortada búsqueda de afecto. Es cuestión de entender que la simple apelación exclusivamente a la responsabilidad individual de cada cual no sirve ni es justa, pues cada cual no parte del mismo arranque.
Su intensidad emocional es brutal, deslumbrante, alucinante, desarmante, cinematográficamente es gigante:y su final tiene algo que ver con el de "Le Havre". El mejor cine renuncia, justo cuando llegan los peores tiempos para Europa (otros siempre estuvieron en los malos tiempos), al cinismo de proponer que sólo en la desesperanza se encuentra la lucidez. La esperanza del film de los Dardenne, como en el Kaurismaki, es tan susurrante como hermosa. Obra absolutamente extraordinaria.
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