jueves, 18 de octubre de 2012

VIDA EN SOMBRAS

¿Quién fue Lorenzo Llobet-Gràcia?, empresario de transporte y cineasta amateur de Sabadell, ¿ya existían esas ideas en la España de los 40 sobre la expresividad visual y el cine de autor?, ¿qué películas veía Llobet?, ¿cómo habría sido su carrera?, de no haber sido "Vida en sombras" el estrepitoso fracaso que fue y su único largometraje.

Exhibida en el último festival de Sitges en una segunda restauración, "Vida en sombras" es una película sobre el cine, melodrama sobre el tema incomparable con ningún título que pueda alegarse de ninguna cinematografía (una manera de desafiar a hablar sobre el cine en el cine en los paises más imprevistos). Descomunal, en definitiva. Y si su famoso malditismo podría darle una aureola de genialidad sobredimensionada, un segundo visionado la mantiene en su lugar de genio.

No es ni nostálgica, ni didáctica, ni lacrimógena, ni desmenuza las supuestas miserias del negocio (que uno siempre ha sospechado que no son peores que las de otros negocios). El director traza un juego de correspondencias complejo  y tan cercano entre la vida vivida, la vida filmada y la vida mirada a través de la pantalla.

Hay tal cantidad de recursos narrativos condensados en algo menos de 80 minutos, precisamente para contar tanto en tan poco y recorrer medio siglo de la historia de España, recursos tan habilidosamente usados, que es difícil pensar que Llobet sólo fuera un alumno aventajado de los maestros del cine USA. 

En su juego de correspondencias, Llobet navega en los mares del poeta cuando el tentador luminoso de la sala y su mejor amigo vuelven a empujar a Carlos Durán (Fernando Fernán Gómez) a la sala del cine, donde verán "Rebeca", en una de las más asombrosas catarsis, milagro dreyeriano y promesa de segunda vida en ciernes que se ha visto en película alguna.

En 1983 se restauró por primera vez y quizás le falte su edición en dvd y sus subtítulos en inglés para darla a conocer más allá de su condición de rara avis de los años 40 en España, para darla a conocer como la obra emocionante, la obra maestra sobre la vida y el cine que es.





domingo, 14 de octubre de 2012

Sitges 2012 (y V):KEYHOLE+VOUS N'AVEZ ENCORE RIEN VU


A pesar de haberla visto durante el festival dejo para más tarde una entrada propia para "Vida en sombras". Una película española de finales de los 40 muy poco conocida que sólo habíamos podido ver en una emisión televisiva y que sigue siendo, o es cada vez más, un film descomunal que hay que tratar  sin mezclarlo con ninguno ni con un contexto como el del festival. Una obra maestra. Para terminar estas crónicas dos últimas películas.

KEYHOLE


Celebrando el auge de las nuevas tecnologías, vi en casa en una plataforma digital de pago esta película, horas antes de que se proyectara en la sala. Esperemos que esté recaudando su dinerito también por estos medios. Por la sala no había que sufrir, seguro que había mucha gente, como en casi todas las sesiones, y mucha gente más la habrá visto gracias a internet. Es el futuro del cine y en él habría que confiar.


Guy Maddin mimetiza y se apropia a la vez de una manera asombrosa de la textura del cine negro de los años 40. Recuerda a todas las películas que existen y parece que lo haya inventado él al mismo tiempo. Su película es una absoluta chaladura y prestarle demasiada atención al argumento puede hacerla extremadamente tediosa, como extremadamente fascinante es en algunos momentos.

Jason Patric me parece una elección equivocada, uno de esos actores pésimos que perjudican a cualquier película, aunque la película no necesite por fuerza a un buen actor. Isabelle Rossellini está sorprendente y como musa de la película y del género está muy bien Brooke Palsson.







VOUS N'AVEZ ENCORE RIEN VU

La película que tenía más ganas de ver. Tras las espectaculares "Coeurs" y "Les herbes folles", el nunca suficientemente bien ponderado ni conocido Alain Resnais trae nueva película.


Sólo hay una cosa que me molesta del film, y del cine francés en general. La tendencia a echar mano de la obra literaria más polvorienta, mazazo y peñazo que encuentran en la biblioteca, algo que no es la primera vez que me pasa incluso con buenas películas como "Ne touchez pas la hache" o "La religiosa" de Rivette. En este caso "Eurydice" de Jean Anouilh, de 1941.

Es posible que exagere ese defecto, aunque no me lo invente, porque la vi de madrugada en un cine incómodo y con tres subtítulos a un palmo de la cara, con el esfuerzo tremendo que conlleva fijarse sólo en uno. Lo suyo era fijarse en los ingleses, como hizo mi mujer (a la que por cierto fue la única peli de toda el festival-de negro recuerdo-que le provocó entusiasmo), y digo yo que así no habría comprendido el texto con absoluto y extremo detalle porque siempre se me escapa algo del inglés y esa superficialidad debe aligerar el visionado, vamos, provocar que uno paladee más y mejor la puesta en escena, sin duda memorable.

Pero no hay que dejarse llevar por pequeñas manías y minucias circunstanciales. La película de Resnais es clara y evidentísimamente brillantísima hasta decir basta. El juego escénico que propone entre los actores jóvenes de una pantalla y la veterana plana mayor del cine francés que está presenciando esa pantalla (todos inconmensurables sin excepción y sin destacar a nadie), plana que da la réplica a la obra que representan, es un juego que sólo está al alcance de un maestro desarrollarlo con esa perfección, precisión e inspiración. Y es un juego escénico precioso.

Es una película que homenajea a los actores y al legado cultural que se transmite de generación en generación, al que siempre vale la pena volver. Y ese amor es valioso y necesario, aunque uno inevitablemente acabe pensando que hay algo un poco polvoriento en ese legado cultural y no todas las obras del pasado lucen igual de frescas.

La película de  Resnais es de una vitalidad y creatividad de difícil comparación con nada de lo que se esté haciendo ahora mismo sobre el planeta y es un final de festival que mantiene en alto el amor y la curiosidad por las películas que vengan. Aún no lo hemos visto todo.








sábado, 13 de octubre de 2012

Sitges 2012 (IV): HOTEL MEKONG

El Festival de Sitges corta los créditos finales de "Hotel Mekong". "¡Están en tailandés!", diría Diane Keaton en "Annie Hall". Un gesto feo que forma parte de esa falta de mentalización de ser un festival de cine, que hace que se permitan películas dobladas o que el personal de seguridad del Gran Auditori sea tan profundamente desagradable. Y es que si vas con prisa y cortas los créditos, por esa regla de tres ¿por qué no darle al fast forward durante el largo plano final del río?.

Por lo que respecta a la película de Apichatpong Weerasethakul, una pequeña delicia de una hora, punteada por la música incesante de una guitarra. Una mezcla, totalmente familiar, pero que consigue no ser repetitiva, de cuento romántico de fantasmas (que esta vez comen humanos), política y los encuadres más hermosos del cine mundial. Unos planos abiertos a todo, oxigenantes y misteriosos. Resaltaban en la revista del final la condición de "work in progress" del trabajo del director. En efecto, por sus características de ensayo no tanto incompleto como abierto no sería nada raro que acabase convirtiéndose en todo un largo. De momento tenemos esta pequeña joyita. Eso sí, sólo apta para quien haya disfrutado antes de esta mirada, única en el cine contemporáneo.  








miércoles, 10 de octubre de 2012

Sitges 2012 (III):COSMOPOLIS

No soy muy fan de David Cronenberg. Creo que nunca he llegado a grandes éxtasis, por exceso de amor mío a una visceralidad emocional a flor de piel que quizás Mr. David no era el adecuado para darme, sin embargo respeto y admiro tanto su personalísimo universo que cuando me ha parecido que se desdibujaba peligrosamente desde "Una historia de violencia" a "Promesas del Este" acabando en "Un método peligroso" (devorada por la plúmbea escritura de Christopher Hampton), me he ido desinteresando.Y eso que no pocos siguen viendo nítidas sus huellas.

"Cosmopolis" supone , al menos a mis ojos, otros no estarán tan de acuerdo, el regreso al Cronenberg más puro, de alguna manera profundamente referida a eso que llaman los que saben "el cine de la nueva carne", bueno, tampoco tengo "background" suficiente como para asegurar o no que puede adscribirse o no a esa etiqueta, pero sí está más cerca de obras como "Crash" (una película gélida y magistral al mismo tiempo, como pocas). Y quién mejor para ilustrar esta obra que la adecuadísima presencia de Robert Pattinson. 

El personaje Eric Packer, sobre una novela de Don De Lillo (cinéfilo empedernido), ese cacho carne podrido de dinero, desubicado y alienado del mundo, obsesionado por la crisis del yuan, su corte de pelo y su próstata asimétrica, incapaz o imposibilitado de poder mantener una relación física con su también millonaria esposa, otra androide como él, con aspecto de muñequita, que lo rechaza de pleno carnalmente pero está dispuesta a ayudarlo económicamente.

"Cosmopolis" está estructurada sobre diálogos de Packer con varios personajes de su entorno. Algunos diálogos se me hicieron larguísimos, sobre todo hacia la parte final de la película, y me parecieron mejores los que aluden de forma más directa a las autistas relaciones de Packer con su entorno que los relativos a un determinado "estado de las cosas" o a una enunciación de las absurdas preocupaciones de la clase dirigente que representa Packer.

Porque ese "estado de las cosas" me parece mucho mejor definido por el contraste visual entre el convulso mundo exterior y la limusina (otra vez una limusina, como en el genial Carax). El texto, que es algo durillo e irregular, muy irregular, en las fascinación que suscita (ojos como platos o tremendo sopor), pero no mamporrea al Cronenberg director y resulta admirable cómo en la película, de forma puramente visual, se mascan vívidamente estos tiempos en los que el titubeo de un ministro de economía durante una rueda de prensa decide las vidas y la suerte de muchísimas personas. Nunca fue Cronenberg tan actual o finalmente el destino nos ha alcanzado.








domingo, 7 de octubre de 2012

Sitges 2012 (II): LO IMPOSIBLE


Hay una tendencia de comportamiento morbosa y masoca que le impulsa a uno a ir a ver en cualquier festival o lista de estrenos anuales la película fénomeno hiperpublicitada del momento. Siempre hay un momento para la tontería, lo que en mi opinión favorece una visión del cine menos endogámica y militante, contribuye a no respirar siempre un aire excesivamente puro o contribuye a no comer siempre una comida tan sana o limpia de grasa, tan limpia que el sistema inmunitario acabe debilitándose en cualquiera de los dos casos. Contribuye a mantener fuertes los glóbulos blancos contra los ataques externos.

Por otra parte no pocas veces siente uno algunos remordimientos por regalarle tiempo, dinero y entradas de blog a ciertas pompas de jabón (que son las que dan lugar a destripes más largos y jugosos), que ya van a disfrutar de cientas e inmerecidas páginas en los periódicos, elogios desmesurados e injustos, bombardeo de spots televisivos, millones de recaudación y cientos de miles de ojos, cerebros y sensibilidades comentándolas. Pero qué se le va a hacer. Hacía tiempo que uno no madrugaba y desayunaba fuera para ir al cine de buena mañana (gozosa actividad de mi juventud), y aunque hay aún magníficos directores y películas por descubrir, sus obras sólo las habría visto tras un desayuno entre las cuatro paredes de casa, encerrados sus fotogramas en la pantalla de mi televisor y no libres y risueñas en la pantalla del Gran Auditori.



Situada esta psicosociología de la segunda película de Juan Antonio Bayona, para más inri debutante con la mediocre "El orfanato", decir de buenas a primeras que es una película sin grandes desequilibrios narrativos, con un montaje final de 107 minutos ajustados que se ven bien, sin caídas ni alargamientos excesivos. Bayona, dentro de sus limitaciones, podría aportar seguramente en Hollywood un control de la película y un sentido de la mesura que allí necesitan como el comer. No es una película especialmente aburrida y por supuesto es inmensamente superior a su opera prima.

Ahí termina todo. Luego empiezan a llegar las preguntas. Como por ejemplo por qué planificar una película sobre el tsunami del 2004 y no rodar nada mucho más sorprendente ni trepidante que lo que ya vimos en pantalla en el "Hereafter" de Clint Eastwood. Demonios, vamos a la sala para ver eso, lo más de lo más, para ver el tsunami. Lo que hay no es que esté mal, es que es lo mínimo que nos podrían mostrar en pantalla. Y de ser lo más impresionante desde el desembarco de Normandía como se ha escrito nada de nada.



Más preguntas. Además de esa escena del tsunami, qué tienes, qué pretendes contar exactamente, ¿cómo una familia se reencuentra en medio del caos?. De acuerdo. Pero por qué entonces apretar tantísimo el acelerador con las lágrimas de telefilm de sobremesa, las frases rimbombantes que provocan risa, las estampitas de familia feliz y guapísima acostando a los niños en el resort. ¿No será que la verdadera cinefilia endogámica viene de directores como Bayona que sólo pueden aspirar a copiar magistralmente a un Ron Howard cualquiera o a un Spielberg en horas bajas?.

Cuando Eastwood o Fabrice Du Welz en la excelente "Vinyan" mencionan el tsunami del 2004 lo usan como punto de partida para construir otra película fuera de allí, que a la vez engrandece y explica mejor el tsunami. ¿No será que la tragedia sólo puede afrontarse desde el distanciamiento?, ¿no será que realmente es muy difícil encontrar una buena película en el mismo corazón del tsunami o J.A Bayona y su guionista Sergio G. Sánchez (ejem) no tienen suficiente talento para tan colosal y dificilísima empresa?. Y menos si hay que construir personajes pegote para que las amigas salgan en la película.



Si acaso en el guión tan sólo hay una brizna de verdadera diversión o desparpajo de escritura. Esa pasión edípica en la que se insiste del hijo mayor por su madre (y es que debe ser traumante tener como madre a la hermosísima Naomi Watts, aunque salga magullada toda la película), pasión que se traduce en momentos tan sonrojantes del tipo "oh, dios mío qué vergüenza le he visto un pezón a mamá" y que culmina en la escena de agradecimiento del padre al hijo por haber cuidado a la madre. Sin esa subhistoria, que permite un cierto comentario a pie de página en sorna, "Lo imposible" se hunde en el fango de una vulgaridad demasiado pasmosa para ser cierta.

Porque ése es realmente el gran tema de la película. El personaje de la madre. Cómo el hijo mayor ocupa el lugar del padre, y cómo el padre es capaz de dejar solos a sus dos hijos pequeños (¡¡!!) para reencontrarse con su mujer, sin duda obnubilado por la noche de amor en off tras el poquito vino que queda.



 Y por último. Aunque no soy muy amigo de análisis sociopolíticos de baratillo y me gusta centrarme en cuestiones puramente cinematográficas, es imposible abstraerse del brutal etnocentrismo de la película, llena de turistas caucásicos sufriendo que una vez que consiguen lo que quieren se piran echando leches gracias a las gestiones de una bondadosa compañía de seguros de la que se menciona el nombre alto y clarito, ni la mensajería de Zemeckis, ni los electrodomésticos de Wong Kar Wai. Lo de estos seguros hará historia.

No más aplausos ni vítores que en tantas otras sesiones. no se crean ni la mitad de lo que lean. No diré que no vayan a verla porque yo he ido, pero aviso que uno nunca se acaba de imaginar 
del todo cuánto está picando. Además hay que ser pretencioso para decirnos que a la vuelta a casa pensemos en "el sentido de lo que hemos visto" como nos ha espetado Bayona antes de empezar la proyección. Un trabajo técnico perfecto absolutamente vacío. Me quedan cinco películas (una de ellas un clásico que ya he visto) y es imposible que alguna de ellas, mejores o peores, asuma menos riesgos y vuele tan tan bajo. 


sábado, 6 de octubre de 2012

Sitges 2012 (I): LA NOCHE DE ENFRENTE+HOLY MOTORS

LA NOCHE DE ENFRENTE

A la entrada del cine un hombre pregunta si allí se proyecta una película portuguesa, tal habrá sido el calado de "Misterios de Lisboa", la penúltima película de Raúl Ruiz antes de su muerte y seguramente la que acabe quedando como su obra más popular.

Quien espere encontrar algo parecido a "Misterios de Lisboa" en esta testamentaria "La noche de enfrente" acabará decepcionado. Seguramente se parezca mucho más a otras obras de Ruiz, cineasta aún poco conocido del que vimos hace unas tres ediciones "La maison Nucingen", una extraña película sobre un relato de terror, algo incómoda, pero cuyo recuerdo sigue perviviendo en quien la ha visto.

"La noche de enfrente" encuentra también acomodo sin dificultades en el género fantástico. Un anciano que espera la muerte y recuerda flashes de su vida entre algunas canciones (un poco entre John Ford y Terence Davies) y la presencia de lo sobrenatural (con gotitas en la línea de obras similares de Fellini, Fosse y Altman), mezclado con una retórica literaria propia que se mueve entre lo bello y lo cargante y una preciosa fotografía digital.







HOLY MOTORS

La película de Ruiz y más aún la de Leos Carax (del que sólo había visto su famosa "Los amantes del Pont Neuf) justifican que existan los festivales de cine y que estos no deban ser una sucesión de preestrenos para que se empiece a hablar de estas películas en la prensa. La de Ruiz dudo que se estrene en España. La de Carax se estrenará en breve. Pero ambas poseen una condición de objetos de discusión que despertarán, están obligadas a despertar, adhesiones y rechazos frontales.

La película que ha hecho Leos Carax no tendría el menor sentido si algunos no la consideraran una tontería irritante  y tampoco tendría sentido que los que nos quejamos del adocenamiento y aburrimiento que provoca a veces la cartelera no nos arrodilláramos ante ella.

Es un objeto revulsivo, fascinante y enigmático que no nace huérfano, la abuela "Persona" y la paternidad y maternidad de "Mulholland drive" y su complemento o extensión "Inland empire" están allí, orgullosas de su pequeña y lozana criatura.

Carax se lanza por el abismo siguiendo a una especie de actor que sigue un extravagante itinerario en limusina cuyas paradas son la ejecución de papeles de lo más variopintos, marcianos y absurdos, desde lo truculento hasta lo melodramático pasando por lo musical o el motion capture, aparentemente desconectados entre sí, un ángel de la muerte cuyas identidades quedan completamente confundidas con quién es él realmente.

Hay un cierto sentido, dentro de un clima etéreo y surrealista, en lo que cuenta Carax, pero sería un pérdida quizás que ese misterio sobre qué estamos viendo realmente focalizara la atención de una obra arrojada a la imaginación, a lo onírico, a lo imprevisto, a la libertad narrativa y al gozo por filmar y por crear, además con fotografía de primera línea de los contrastados Yves Cape y  Caroline Champetier.

Una de las películas más importantes y estimulantes de los últimos tiempos, a la que volver cuando se estrene. Con un arrollador y camaleónico Denis Lavant, Kylie Minogue, Eva Mendes (olé por su valor), Michel Piccoli,  y una chófer interpretada por Edith Scob de la que la película, amante del cine como ella sola, no quiere olvidarse que un día fue "Los ojos sin rostro".








lunes, 1 de octubre de 2012

CÉSAR ET ROSALIE

Tercera de las cinco colaboraciones entre el director Claude Sautet y la actriz Romy Schneider, y no la última que veremos por aquí.

En unos años 70 inmediatamente post-revolucionarios en Francia y en medio mundo, "Cesar et Rosalie" plantea un triángulo abierto entre una mujer y dos hombres, pero a la notable sinceridad y al estilo directo y de violenta sacudida emocional tan conseguido se le interponen algunos detallitos para que lo que verdaderamente quede sea la loa al triángulo.

El vértice más joven (un Sami Frey que se parece un poco al Olivier Martinez de "Infiel") es un tanto guaperas insustancial y no se acaba de entender por qué Romy Schneider está tan pilladísima por semejante soso. Yves Montand tiene otro tipo de atractivo y una edad más avanzada, pero Frey no es bastante actor para esto.

Romy Schneider, más que corazón dividido parece padecer una serie inestabilidad emocional que hace parecer que cuando Montand decide ser más tolerante en el fondo lo que está es un poco harto de la belleza Romy y en realidad le esté pidiendo al tercero en discordia que la aguante un ratito.

Al final lo más coherente en la historia acaba pareciendo esa mirada casi homófila hacia la amistad creciente entre Montand y Frey que se entienden mejor y se llevan menos sobresaltos que cuando se lían con Romy-Rosalie "ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio". O como cantaba Julio Iglesias "llévatela contigo, que a mi...me está volviendo loco".