martes, 14 de abril de 2026

LA BAHÍA DEL TIGRE

 Es conveniente que el espectador no entre a las películas dando martillazos con su moral personal. Tampoco es una buena idea que sean las películas las que den los martillazos. Lo interesante es saber dar un tono en que se deje en el alero los sucesos para que el espectador saque sus propias conclusiones, un tono ambiguo e indefinido que confíe en quienes ven la película. Yo creo que a "La bahía del tigre" (J.Lee Thompson, 1959) le cuesta un poco hacer eso.

Es innecesario que nosotros vayamos de moralistas y pidamos que Horst Bucholz sea debidamente castigado pero tampoco tiene mucho sentido la labor de edulcoramiento del personaje que hace la película totalmente pasada de frenada (vuelvo a la secuencia clave y se escucha a su personaje disparar exactamente cinco tiros, es que he vuelto porque llegué a dudar si el crimen que comete no era accidental).
Pero vayamos por orden, la película comienza con un portentoso ejercicio de suspense que me confirma nuevamente a Thompson, y en eso no cambio de opinión, como un valor que se me había pasado por alto. A partir de la segunda mitad uno entra en una fase confusa. Porque no estamos viendo "Frenesí", donde se juega con los puntos de vista y las simpatías del espectador. Se nos insiste repetidamente en que la mujer que ha muerto era malísima y se hace un relato ternurista de la relación de Bucholz con la niña Hayley Mills, donde solo falta la secuencia de Bucholz ayudando a una ancianita a cruzar la calle y otra curando la patita de un perrito. Se reservaban para el final, donde cortaron el plano a tiempo antes de que John Mills condecorara a nuestro héroe y le besara los pies.
La película solo se puede interpretar como "algunas mujeres merecen morir". Cuándo he visto algo así pero bien hecho, sí, creo que "Viento en las velas" sabe dar ese tono que decía al principio. Chávez-Quinn me gusta, me cae bien, tiene una relación conmovedora con la niña y es al mismo tiempo indudablemente un criminal. Los hechos están puestos para que el espectador sienta lo que crea oportuno. Aquí está todo demasiado enfatizado, teledirigido y pasado de azúcar.



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