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lunes, 20 de abril de 2020

NAPOLEÓN (1927)

¿Es "Napoleon" (Abel Gance, 1927) una obra maestra inacabada?, terminando su acción en 1796 parece evidente que sí. No aparecen en ella los episodios más celebérrimos de esta figura histórica y aún así las cinco horas y media son imparables. La película es un torrente de recursos e ideas visuales que no cansan, organizados con tal armonía narrativa (la figura de la montadora Marguerite Beaugé, un nombre para los anales) que no llega a ahogar y sí a maravillar al espectador por su inmejorable fluidez unida al asombro constante, algo dificilísimo de conseguir.
La triple pantalla de los últimos 20-25 minutos, la Polyvision es notable cuando filma acciones paralelas, una especie de montaje de choque en el mismo plano y anonadante cuando los personajes circulan de una pantalla a otra creando unos planos panorámicos de una audacia bellísima que llamaría la atención de las majors de Hollywood y traería por ejemplo una obra como "The big trail" de Walsh.
Las otras cinco películas que habrían quedado por hacer formaran parte de esa historia del cine soñada, acompañando al Génesis de Bresson, el Jesus de Dreyer, En busca del tiempo perdido de Visconti...a esas obras junto a las cuales no suele incluirse la biografía completa de Napoleón, que Gance debía terminar en el destierro de Santa Helena, pero claro, tantos millones y tanto metraje para llegar solo a 1796...un proyecto de una desbordante megalomanía y de megalomanía a megalomanía, Kubrick sin pretender ni remotamente tanto no consiguió ni rodar.


miércoles, 15 de abril de 2020

J'ACCUSE (1938)

No hay dato que defina mejor la belleza herida y desoncertante de "J'accuse" (Abel Gance, 1938) que saber que se estrenó con la anexión de Austria y desapareció de cines con la invasión de Polonia. Críticos de la época acusaron a Gance un "pacifismo obsceno". Él era consciente del contexto en el que vivía, que era algo más que "desear el fin de las guerras" diga lo que diga la película, y escribió a Leni Riefenstahl para que Hitler y Goebbels vieran la película y rectificaran, un gesto tan ingenuo como el imposible pacifismo que plantea, evitar una guerra con solo desearlo. Yo estoy y siempre estaré con Gance pero la realidad es mucho más compleja y se da de tortas con nuestras convicciones casi siempre. De esa pugna, de esa imposibilidad, de esa eterna derrota a la que la película nunca se enfrenta realmente, nace la hermosura de un film tan enigmático, fantasmagórico y desnortado como éste, tan lejos cinematográficamente de las obras maestras de Gance si se quiere, tan fuera de su tiempo como fiel perteneciente a él, tan imprescindible a la hora de explicarnos y de entendernos. ¿Podía evitarse en 1938 el desastre?, ¿a veces es demasiado tarde?...