Pasa el tiempo y en cierto modo parece haber triunfado entre la crítica y parte de la cinefilia el "cánon francés" respecto a los cineastas clásicos del cine USA. Se lee mucho sobre Hawks, Lang, Hitchcock, Nick Ray incluso Ford pero otros parecen haber quedado un poco arrinconados de pasadas loas. El caso más flagrante además de los consabidos William Wyler, George Stevens o Fred Zinnemann (que incluso puedo compartir en cierto modo) es el de Billy Wilder. En los años 90 era Dios y yo diría que ahora se habla muchísimo menos de él.
miércoles, 15 de abril de 2026
EN BANDEJA DE PLATA
domingo, 11 de agosto de 2024
AVANTI!
A Billy Wilder nunca le interesaron las modernidades del cine, ni Godard ni Antonioni, ni las autorías. Tampoco a la crítica moderna le interesa Billy Wilder, para qué engañarnos. No es mi intención desfacer estas obviedades ni inventar la pólvora. Sin embargo algo fue cambiando en su manera de hacer cine con los años y el ejemplo palmario siempre me ha parecido esta película, de las menos citadas pero con los años cada vez estoy más convencido que de las mejores.
Creo que hay algo muy emocionante en cómo afronta varias cosas que me llaman poderosamente la atención en particular.
Su larga duración, a pesar de no ser la primera vez, en una película pródiga en meandros narrativos y en alguna escena, para mi asombrosa y memorable, como el paseo de Juliet Mills en calesa, una escena que diez años antes creo que jamás habría puesto en un montaje. Me parece una película larga porque no habla en particular de Italia sino de un estado de ánimo vital representado por la luz, el paisaje, la carnalidad y la gastronomía mediterránea.(En esa dilatación del tiempo no es que esté Antonioni pero creo que Wilder llega a la misma conclusión, a la misma necesidad vital, quieres contar o transmitir algo y ya no te valen las maneras de siempre, necesitas encontrar otras...de ahí que siempre haya dicho yo que la Modernidad de Hollywood y de los maestros crepusculares no responde a ninguna mímesis sino a una derivación natural del Arte hacia su propia ruptura).
Me llama la atención que es una película donde se evoca poderosamente otra película que no existe y que jamás existirá más que en nuestro pensamiento y sensibilidad. La historia de amor de los padres de la pareja protagonista. No te está contando lo que sucede tras una puerta, te está contando una película imaginaria como si fuera la mejor de las películas. Wilder pasó preguntándose toda su vida como lo haría Lubitsch. Yo creo que así.
Y es una película moderna y postmoderna porque al tiempo que evoca una película que no existe de forma absolutamente conmovedora, la reconstruye ante nuestros ojos retazo a retazo (ahí no es que esté Godard, pero están los retazos frankensteinianos del fin del relato, contadas todas las historias solo queda romperlas en pedazos para volverlas a reconstruir. Hay una parte de Godard que queda explicada).
No se me ocurre película más audaz, valiente, rupturista y maravillosa. No se me ocurre mayor demostración del talento y la maestría de un Wilder veterano que ni de lejos se repite a si mismo, cuando podría seguir exprimiendo su pericia endiablada para el guion de hierro cerrado a cal y canto, sin dejar de exhibir el mismo oficio y la misma amorosa dedicación al arte de la comedia de sus desvelos.
Porque además si una mirada cinematográfica sobre ella nos entrega una película que no se duerme en sus laureles y propone formas nuevas en la carrera de su director (basándose además en una obra de teatro), es una película por si fuera poco profundamente ligada a un sentimiento de vitalidad que pone los pelos como escarpias y tiene su máximo exponente en el plano final de Juliet Mills con unos ojos vidriosos, que es para arrodillarse ante ella, como lo es toda su presencia en la película, una de las mejores interpretaciones de la Historia de este Arte.
Descomunal, muy poco citada, por eso que siempre comento, que las películas se graban a fuego a cierta edad del público y cuando los maestros llegan al final de sus carreras los acabamos viendo con cierto desencanto porque ya no nos producen "lo de antes". Supongo que muchos sintieron nostalgia de "Perdición", de "Con faldas y a lo loco", de "El apartamento". Del clasicismo con mayúsculas que había representado.Lo entiendo pero yo, por mi parte, dejo el corazón en Ischia definitivamente
sábado, 3 de agosto de 2024
IRMA LA DULCE
A Billy Wilder no le interesaban demasiado los musicales aunque sí que es cierto que recuerdo alguna escena en sus películas con una concepción fantástica del género, por ejemplo el "I'm through with love" de Marilyn Monroe en "Con faldas y a lo loco".Aquí incluso conserva algún momento musical en la algarabía festiva tras el golpe de suerte de Irma pero básicamente la película es un musical sin música que no se resiente de ello.
La obra era un músical francés de éxito que Peter Brook dirigirá en Londres y en Nueva York y que en Mexico llegará a hacer incluso Silvia Pinal, en su momento más alto de estrellato. Iba destinada a Marilyn Monroe pero tras la muerte de la actriz recae en Shirley MacLaine, reeditándose la pareja de "El apartamento".
Creo que otra vez hay que sacar a hombros a Billy Wilder como un verdadero clásico, no es que haya dejado de serlo nunca, pero en determinados momentos parece que no haber sido ni un estandarte del clasicismo norteamericano como Ford, Hawks o un renovador de las formas como Hitchcock o Lang le haya dejado entre dos aguas como un consumado guionista que lleva solo con eficacia el ingenio de sus guiones.
Pero eso no es así, "Irma la dulce" comparte con otras películas de Wilder ser una película sobre la fina línea que separa la energúmena honradez de la inmoralidad. Nestor acaba en un parpadeo de fiel aplicador de las leyes de la moral a proxeneta y desde ese tropiezo tontorrón saltan por los aires todas las leyes de verosimilitud a manos de la única moral posible que es la moral del amor.
"Irma la dulce" es una comedia extraordinaria de un humor absurdo que llegado a un determinado punto ya no tiene ningún sentido ni razón de ser pero difícilmente desde el realismo puede radiografiarse la condición humana como es capaz de hacerlo Wilder en esta enésima obra maestra suya donde Jack Lemmon está a la altura de los mejores cómicos de la Historia y Shirley MacLaine desde ese vestuario hortera y esa espalda perpetuamente desnuda expresa que el verdadero límite no está entre ser honrado o no cumplir las normas sino entre desear y estar enamorado y no estarlo.
miércoles, 11 de enero de 2023
EL APARTAMENTO
Hace unos treinta años, cuando uno era adolescente, era verdadera devoción lo que había en nuestro pueblo por Billy Wilder, cual Faulkner en Amanece que no es poco. Devoción además agitada por Fernando Trueba al recoger su Oscar por Belle epoque, en un gesto con el que no pocos nos sentíamos identificados. Con Billy Wilder algunos aprendimos, conviviendo alegremente con Ford, Hitchcock, Bergman, Hawks, Truffaut, Renoir, Kurosawa, Lang o Fellini, a amar desesperadamente el cine.
Luego es verdad que ha quedado un tanto aparcado o aislado o eclipsado, cuando uno comete el inevitable error de ponerse a leer demasiado y va configurando en su maltrecha mente un amago de ideal crítico afrancesado y hitchcockiano acerca de las formas "puramente visuales", acerca de un cine de puesta en escena donde la fiereza férrea del guion queda subordinada o incluso no hace falta que exista frente a las formas del director. Una suerte de religión monoteista donde el de la butaca y el megáfono adquiere la condición de única divinidad a adorar.
"El apartamento" es la quintaesencia del estilo de Wilder, un estilo sin estilo o sin el estilo que se supone que debería tener según los dogmas, o un estilo que nace del guion co-escrito con I.A.L Diamond. Sin embargo hay que dejar de leer y volver a ella para constatar algunas cosas.
Sobre una idea sugerida por una secuencia de "Breve encuentro" (el amigo que les deja el apartamento a Celia Johnson y Trevor Howard, ¿quién será?, se preguntan nuestros guionistas), construyen una verdadera radiografía, vamos, tan radiografía como la podríamos encontrar en un Godard, sobre los mecanismos salvajes de las burbujas capitalistas. Un mundo de intereses donde el valor de las personas sufre apreciaciones y depreciaciones brutales e irreales en función de los caprichos y satisfacciones de una cúpula minoritaria. A mi me parece una película plenamente vigente y que responde aún muy bien al funcionamiento de nuestra sociedad. A nadie le interesa el rendimiento en el trabajo del oficinista o ni mucho menos de las ascensorista. Cualquiera diría que Consolidated Life funciona sola y de hecho no necesitas a nadie competente, o ya te sacará la faena el compañero de Baxter, que lleva ahí mucho más tiempo que él.
Entonces ¿es buena por lo que dice?, no, en absoluto, no puede ni debería ser así, por lo que dice y por cómo lo dice porque hay sobre la base de un guion escrito con tiralineas hay una mirada sobre los personajes, que nace de la dirección de actores y hay un montaje de las secuencias que si bien puede ser cierto que arroja una película completamente cerrada también es cierto que sería absurdo no sustraerse a las emociones que provoca el mundo o jungla de reglas inmisericordes al que nos lleva.
"El apartamento" es una de las crónicas más despiadadas que pueden escribirse y rodarse sobre el poder del dinero y del sexo y sobre las relaciones de poder entre verdugos y víctimas, que no lo son tanto en tanto a que aspiran a roer su trozo de pastel. ¿Qué hacer?, la película tiene un final conocidísimo que puede entenderse como feliz o conformista acorde a los cánones de Hollywood pero también puede entenderse como una propuesta. ¿De qué sirve filmar radiografías negras para acabar diciendo que no hay salida?. Desde una película como "El apartamento" se nos sugiere que quizás no haya salida pero siempre podrá haber un tipo que se exponga a pinchar la burbuja, con consecuencias inciertas para él. No sabemos qué será de Baxter, si volverá a trabajar, cuándo, o si su compañera en la partida de cartas volverá a entrar en el círculo vicioso que se juega entre opresores y oprimidos. Pero lo dejamos en el último fotograma habiendo hecho lo único que la película puede proponer desde una mirada humanista, que no optimista.
Acerca de todos esos motivos por los cuales Wilder ha sido expulsado del Paraíso sigo sin poder aportar luz. No sé si es una película donde el guion de hierro, qe verdaderamente lo es, ahoga de verdad las ideas de puesta en escena o todas esas frases hechas que me han enseñado muchas cosas pero que al final ante una película como "El apartamento" nada significan, porque por años que pasen entras dentro de su historia, de sus personajes y no consigues ver absolutamente nada de su arquitectura cinematográfica. Uno se imagina que no se puede hacer algo así pegando planos al tuntún pero a estas alturas del año 2022 no se lo podría asegurar porque la sigo viendo tan embelesado, divertido y de verdad absolutamente conmovido como la he visto siempre, habiendo sido uno y muchos a lo largo de tantísimos años, aunque no se me ocurran nunca este tipo de películas cuando me piden una lista y acabe encumbrando a los apóstoles oficiales de la llamada "puesta en escena", como si fuera posible que aquí no la hubiera
sábado, 4 de septiembre de 2021
EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES
Que un personaje caiga en una ratonera y no pueda salir de ella es verdaderamente terrorífico pero lo es aún más que un personaje caiga en una ratonera y pueda salir varias veces para volver a ella por su propio pie, incluso cuando paseando por los decorados de "La heredera" parece tener una posible salvación, como hace William Holden en esta película.
Wilder filmó una verdadera noche de los muertos vivientes, una película cruel y sarcástica sobre el amor al cine y el amor a lo que fue, absorbente y totalitario, y sobre el fetichismo cinematográfico en su vertiente más mitómana y necrófila, un comentario agudo que puede considerarse de plena vigencia.
Me gustan mucho los personajes que se interpretan a si mismos, no porque de verdad fueran o hayan sido así, sino porque sirven a ese propósito de film de zombies con una gracia envidiable (Swanson, DeMille, Keaton, Von Stroheim...Hedda Hopper...a los otros invitados de la partida, Ana Q.Nilsson y H.B Warner siento no identificarlos y no captar la segura grandeza que hay en su presencia, cuya petrificación es igualmente majestuosa).
Y hay que detenerse finalmente en Wilder, que pasó de ser Dios sin matices para la crítica a un director esclavo del guion, y películas como ésta, que expresan tanto o más por sus imágenes que por el ingenio de sus diálogos pueden servir para darle un lugar mucho más justo en el Cine. Aunque al acabar solo puede pensar uno ¿a quién puede importarle el lugar en el Cine de una sombra del pasado como Wilder?, toda crítica o comentario cinematográfico está en el fondo empapada de la misma retórica de una espectral Norma Desmond cualquiera. No somos tan diferentes.



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