miércoles, 23 de abril de 2014

EL MERCADER DE LAS CUATRO ESTACIONES

El 22 de abril de 2006 estaba en Córdoba charlando sobre Fassbinder, como cuento en esta entrada, y sobre el 25 de abril de 2003 estaba viendo en Barcelona "El mercader de las cuatro estaciones". El 28 de abril escribí lo siguiente, y confieso que me cuesta releerme. Once años me contemplan, aunque la revisión sigue siendo tan placentera e intensa, como enlazar con el melodrama más glorioso los años 50 sin dejar de ser alemán ni de vivir en los 70. Un apasionante "decíamos ayer" en todos los sentidos. Mío y de Fassbinder.



"El mercader de las cuatro estaciones" es un peliculón
imperecedero que te roba el aire, el alma, el corazón y los sentidos
al completo. Ni si quiera ese recurso tan desgradable llamado zoom,
verdad que usado con cuentagotas, distrae ni molesta demasiado de la
función.
La película es la crónica de una desesperación, de un vacío, cuyos
motivos vamos conociendo con más profusión hacia el final del metraje,
agudizándose entonces el sentimiento de haber visto una tragedia
desconcertante.
Hans, el protagonista, frutero de profesión, ex-legionario y
ex-policia, soñaba con otras vidas, con un gran amor con el que no se
pudo casar por impedimentos clasistas pero con el que sigue
manteniendo relaciones sexuales. Pero para Hans la vida no es
deseo,como muchos siempre hemos creido,ni si quiera desea demasiado la
vida, "El mercader de las cuatro estaciones" no es una historia al uso
sobre una pasión a lo largo de los años que se ve excitada por los
obstáculos, todo lo contrario. Los obstáculos generan dolor,el
desprecio de los "triunfadores", frustración, vacío, falta de ganas de
vivir, autodestrucción, espiral en la que se ve inmerso Hans, de la
que ni si quiera cierta estabilidad, una esposa, una hija, mucho
dinero, un amigo fiel, una aparente armonía, parecen sacarle, es más,
cuando ese simulacro de felicidad más resplandece en pantalla el más
parece hundirse...




La película dura 89 minutos que son una exhibición rotunda de
narrativa cinematográfica, no sólo por todo lo que le da tiempo a
explicar, en un alarde de concisión asombrosa. Además tiene la
película una sequedad de donde sale una fuerza dramática avasalladora
que te mantiene con el corazón en un puño sin descanso. Influye en el
apasionante ahogo:que no hay música, monumental acierto, salvo la
canción italiana que canta Hans y más tarde vuelve a poner en el
disco, y unos acordes en la parte final cuando el vacio de Hans se va
precipitando en las escenas de sus paseos con la mirada perdida
(acordes que curiosamente se repiten en "Todos nos llamamos Alí" y en
el final alternativo de "Viaje a la felicidad...", maniobra de
repetición bastante incomprensible). Influye que los diálogos son
prodigiosos, no sé yo si decir espontáneos, realistas, ¿o?, el caso es
que resultan modélicos, sencillos, apasionantes, ajustados a lo que se
nos está explicando, proporcionados al excelente, singular  e
hipnotizante  ritmo que se le imprime a la narración. Influye que el
reparto está increible, el protagonista Hans Hirschmuller, no hay
palabras, la soberbia Irm Hermann como esposa (más desapercibida en
Mamá Kusters), la inenarrable Hanna Schygulla (qué ganas tengo de ver
Maria Braun ni que sea por ella), la habitual Ingrid Caven, tan
fantasmal en esta película...
Es muy difícil intentar averiguar el por qué de los efectos
placenteros de esta modélica, deslumbrante,magistral, admirable,vital,
maravillosa, dolorosa, genial "El mercader de las cuatro estaciones".
Un regalo impagable.Sólo creo haber visto volar tan alto a ese
derroche de cine llamado "Effi Briest".

4 comentarios:

  1. No esperaba acabar la noche con esta conmemoración de un aniversario tan especial de nuestro llamado "Día Fassbinder" y con el recuerdo de aquel texto que dedicaste a esta obra maravillosa que se mantiene soberbio.

    Un fuerte abrazo,
    Rafa.

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    1. El recuerdo de aquel texto a cuenta de haber vuelto a la película y de haber comprobado que ciertos cines no fallan nunca al pasar los años, aunque cambies tú y tu manera de escribir. Ni un suspiro de desfallecimiento me ha dado esta nueva revisión de la película.

      Un fuerte abrazo

      Sergio

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    2. ¿Para qué te voy a engañar? Fassbinder me parece un pelma de campeonato, pero como es cierto que hará más de 10 o 15 años que no veo una película suya y esta no lo conozco, pues habrá que retomar el tema, si se pone a tiro. Un saludo.

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    3. jaja, desde luego es innecesario engaño de ningún tipo. Suele pasarle a una parte de los colegas cinéfilos, que lo consideran un pelma, lo que me extraña en el sentido de que no sólo a mi me sigue fascinando con el paso de los años sino que me parece un cine tremendamente accesible en el mejor sentido de la palabra.

      Saludos

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