lunes, 14 de agosto de 2023

CENTAUROS DEL DESIERTO




(12 de noviembre 2022)

 Tras una semana demoledora culminada con uno de esos virus virulentos y rápidos, qué mejor manera de irse a dormir reestablecido y preparado para volver a la posición inicial.Seguimos jugando a las hemerotecas. Descubrí esta película en el pase del jueves 28 de octubre de 1993 en TVE-1. Ese pase tan comentado que vio José Luis Guarner antes de fallecer. Lo que no hizo más que acrecentar un mito que ya alimentaba Pumares desde la radio. Luego la compré en vhs y la vi decenas de veces. Siempre con la misma emoción de no discutir su maestría pero de pensar que los 20-30 minutos iniciales eran un misterio de la estirpe de los Dreyer, de los Mizoguchi y compañía que estaban aún más altos que el resto de la película, que de alguna manera "bajaba" un escalón a la terrenalidad del cine. La gasté un tanto y más o menos la dejé aparcada tras un pase en pantalla de cine en los Meliès a principios del nuevo siglo.

Recuperada en un blu-ray portentoso bendigo todo el tiempo que ha estado aparcada y creo que su recorrido no ha terminado todavía, el misterio de su inicio, que es el que ha hecho correr tantos ríos de tinta, sigue ahí intacto, pero para los restos se impone otro misterio, el del resto de esa película tan irregular, tan llena de meandros, de cambios de voz narrativa, de dilataciones. De una hermosísima y conmovedora emoción que linda con la Modernidad del Cine, que ya se vivía en Hollywood a su manera, y no por influencia de Europa sino como una evolución e inquietud natural del propio Arte hacia nuevas formas. Una Modernidad edificada sobre los cimientos del clasicismo, y eso lo hace sentir muy bien Max Steiner.No hay ninguna película mejor.

2 comentarios:

  1. Si nos entregáramos al elucubrativo e inútil juego sobre cual pudo ser el mejor western de los rodados por John Ford, muy probablemente terminaríamos barajando PASIÓN DE LOS FUERTES, EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE y el que ahora nos ocupa, de seguro el más bello y misterioso de los tres y también el más elíptico y ambigüo por una especie de pudor narrativo que dificulta la penetración en el secreto entrevisto y no revelado de los perso­najes, de quienes intuimos que "saben" cosas que nosotros nunca llegaremos a averiguar, especialmente ese Ethan Edwards (impresionante John Wayne que apechuga con un personaje tan trágico como su Tom Doniphon de EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE) cuya nobleza impide que su amargura estalle, o el ambivalente capitán-reverendo Clayton (Ward Bond) observando en silencio, mientras toma café, a la cuñada de Ethan acariciando evocadoramente su esclavina antes de entregársela (maravilloso y sugerente momento fordiano de intimidad sorprendida).
    “CENTAUROS DEL DESIERTO” contiene a lo largo de su desarrollo momentos de indescriptible intensidad dramática; cierto que hay muchos, pero citemos esa portentosa secuencia con los componentes de la familia de Ethan en su rústico hogar progresivamente inundado por el rojizo último resplandor del crepúsculo, sumidos en una crispada tensión antes del ataque indio, cerrada con una escalofriante elipsis. Siempre he sentido ese momento como una cumbre del cine.

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  2. Estoy muy de acuerdo pero también creo que esas escenas que siempre citamos de los 30/40 primeros minutos tienen que dejar pasa u oportunidad a la hora y media restante, en la que Ford va narrativamente por delante de su tiempo, queda película...

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