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sábado, 7 de octubre de 2023

CERRAR LOS OJOS



En el emocionante ritual de ir a ver "Cerrar los ojos" (Víctor Erice, 2023) están las respuestas a buena parte de los interrogantes de la película. Siente uno un deasaforado nerviosismo extraño que no se corresponde con la mitomanía hacia el director, que a mi siempre me ha parecido un maestro pero ni ha marcado mi afición por el cine ni me he desgañitado durante décadas profiriendo "y que Erice no pueda rodar en España". Siempre me ha parecido que había una cierta sobreactuación e histerismo entorno a su figura.Entonces ¿por qué hacer algo que rara vez uno hace como ir corriendo a la sala de cine un viernes por la tarde?.

Pues porque su cine y esta película forman parte de una manera de entender la cinematografía, que no el cine cuidado que esto no va de nostalgias porque cines hay muchos, que a estas alturas ya resulta un conmovedor reducto en vías de extinción, un lenguaje purista al que Erice no ha renunciado en absoluto sino que se ha seguido significando como un monje guardián del mismo que nos habla piel con piel a los que estamos enamorados y siempre lo estaremos de esta forma de mirar, de detener el tiempo, de dilatar la secuencia en busca de una verdad en el interior de la imagen que no puede ser revelada solo por el diálogo o el argumento sino por un misterio que le da al cine la especificidad que siempre ha buscado.
A mi personalmente, y no se me puede acusar de eludir la cuestión porque llevo años reivindicando lo mismo, no me parece que el tema sea si esta película es mejor o peor que "El espíritu de la colmena", "El sur" o la extraordinaria "El sol del membrillo", de la que suele hablarse mucho menos. Películas además que llevan siendo digeridas por la cultura y el imaginario colectivo desde por lo menos cinco décadas en el peor de los casos. Solo hay que recordar una mítica crítica destructiva de "El espíritu de la colmena" en "La Vanguardia" en su estreno en Donosti, a ver si en cinco décadas lo que se escribe hoy se ve con el mismo sentimiento de sorpresa.
Tampoco me parece lo más interesante si es en si misma buena, regular o peor, sinceramente y lo digo sin remilgos no me parece si quiera una película especialmente gratificante, en la que encuentre un placer obvio e inmediato y sí que me parece algo árida y dura de ver pero eso me lo han parecido centenares películas de esta hermandad, de esta sociedad secreta de películas (que no de la nieve) que nos han dejado siempre el gusanillo y la seguridad que no dejarían de crecer a poco que se pensaran un rato y si era posible se volviesen a ver, y siempre han cumplido con creces lo que prometían. Solo con ver el poderosísimo inicio entre Pou y Coronado ya sabe que se encuentra uno ante "una de las nuestras".
Luego Erice desconcierta porque no estábamos preparados para verlo filmando oficinas y programas de televisión y un Madrid contemporáneo que te resulta incómodo de ver. Pero es precisamente el vicio adquirido de la mirada de no tener un visión de conjunto y analizar a cachos "éste me gusta-éste no", quizás por culpa del vicio de escribir así sobre las películas, el que hace que la obra se te pueda escurrir entre los dedos cuando todavía se guarda sus mejores cartas.
En una obra tan autorreferencial (sublimes los primeros planos de Ana Torrent) y llena de divertidas revanchas, que la vuelta al Sur posee sus mejores momentos como el tan comentado de "Rio Bravo", que a mi me parece maravilloso porque está filmado con el mismo sentido de la distensión y dilatación con el que lo filmó Hawks.
Pero aún es mejor el crescendo final a lo Dreyer, donde solo les falta coger a una niña de la mano, que cierra circularmente la película y es donde entendemos mejor qué hacíamos allí y el poder y la belleza de la imagen y de la sala como reencuentro, reconciliación y curación de las indeterminadas e incurables heridas de la vida, reconciliación que nos permita cerrar finalmente los ojos.
Si no han encontrado respuesta en este texto al veredicto que buscaban, prueben en el foro de sexadores de pollos o en el de peritos, una vez más es algo que ya he dicho muchas veces, no me lo guardaba para hacer equilibrios en esta ocasión. De los amores, en este caso un tipo de cine que ya no existe, no se comenta si el día de hoy ha sido peor que el de ayer o el de hace veinte años. Con los amores se quiere estar. Y punto.
Y si es radicalmente cierto que "Cerrar los ojos" nos cambia un poquito es porque no da respuestas pero sí certezas al oído a través del tipo de cine que practica, que milagrosamente escapa de lo formulaico en un tiempo donde hasta el cine de autor está terroríficamente infestado de ello, nos susurra quienes somos a todos y cada uno de nostros.

lunes, 11 de septiembre de 2017

EL SOL DEL MEMBRILLO


Una de esas  películas eternamente aplazadas en las que me temía una sobresodosis indigesta de Realidad y Verdad, aún sabiendo de la maestría de Erice. Y más me espantaba leyendo las críticas de Antonio López a "La bella mentirosa", no porque esté en desacuerdo, sino porque gustándome el cuento que le echa Rivette me temía que la de Erice fuera demasiado Verdad a palo seco.

"Era de risa. Es de risa. Qué pedante. Qué falsa. Qué pintor, qué modelo, qué chorradas dicen. Y eso no puede ocurrir aquí a pesar de que seamos tan patosos, de que no seamos actores, aquéllo debe de oler a verdad. Aquí hay un señor que está dibujando de verdad y está viviendo algo que le pertenece. Y es cierto. Ése fue un regalo que le hicimos a Víctor. Y lo otro es algo tan pretencioso, tan horroroso... es como la película de Charlton Heston sobre Miguel Ángel, pero peor todavía porque pretende ser más intelectual. Es una cosa tramposísima. Y por otro lado esa manipulación no me parece inteligente. Tu puedes hacer un dibujo o una película y querer acercarte a la verdad y estar mintiendo."


Sabes que no estás en lo cierto pero solo tienes que encontrar el momento.

Magistral película, hermosa declaración de principios de un Erice que dice envidiar la relación individual del pintor con el lienzo en oposición ante una carrera artística tan problemática en un juguete tan caro y tan colectivo como el cine, se entiende.

La odisea de un pintor a la búsqueda de la luz y con ella del tiempo, mientras a su alrededor la vida entre y sale de su casa. La película sería de un experimentalismo muerto si no pudiese salir de la mirada de Antonio López a su lienzo. Es maravillosa porque converge esa mirada con ese movimiento externo de personas, de cotidianeidades, de conversaciones (hay algo profundamente fordiano y profundamente emocionante en la presencia de Enrique Gran, el Victor MacLaglen de esta película), movimiento de hechos internacionales escuchados a través de la radio y en definitiva el movimiento externo de las estaciones. Todo ese movimiento da verdadero sentido a la instrospección en la mirada y en los minuciosos y mimados procedimientos de trabajo de Antonio López (osado, paradójico, extraño pero convincente hablar de grandísima interpretación).

Es difícil encontrar un director con esa capacidad para entregar un cine ni excesivamente experimentalizado hasta hacer sentir frío al espectador, ni excesivamente ficcionado dentro del documental. Es capaz de ficcionar ese documental pero ponerse más cerca de Ford o de Ozu que cualquier otra referencia del género a la que quiera apelarse.




lunes, 5 de septiembre de 2016

EL SUR




El estuche de blu-ray dedicado a Erice con el combo de sus dos primeros largos me permitió revalorizar y admirar "El espíritu de la colmena" , que siempre había malvisto en copias bastante lamentables.

Prescindí un poco de volver a ver "El sur", que había visto ya muchas veces y siempre me había gustado muchísimo. Y prescindí de verla por esa poca simpatía que siento por los eternos lamentos entorno a ella y mi poca predisposición, que ya explico en la crítica que linkeo a sacar en procesión a Víctor Erice, al que por otra parte considero sin paliativo alguno un grandísimo cineasta.

Volviendo a ver "El sur" es interesante tomar posiciones intermedias. Por una parte conociendo lo que aconteció (Querejeta la mostró en Cannes sin terminar y no facilitó que se concluyera posteriormente) sería un desprecio bastante vulgar concluir con un simple "la película ya está bien así". Es más, conociendo con detalle esa historia uno no puede menos que lamentar en sus minutos finales, en los que Estrella prepara su viaje al Sur, todo lo que nos hemos perdido. El segmento que venía podía haber sido majestuoso , inenarrable, la segunda mitad o la simetría, o el negativo o como quiera llamarse de una película histórica, antológica. Sinceramente ésta es la vez que más lo he lamentado, quizás haya sido la primera en que conocía la historia al detalle, como digo, contada por el propio Erice en una famosa entrevista a  TVE.

El problema, los problemas de hecho son dos. En primer lugar no se puede vivir de lamentos, o no se debería, o a mí no me apetece, vaya. Esto es muy subjetivo. En segundo lugar "El sur" ya es una película histórica, antológica, verdaderamente impresionante. Me sigue pareciendo la obra maestra de Víctor Erice.

Decía Erice con dolorosa mesura un 19 de mayo de 1983 en declaraciones recogidas por el diario "El país":

""No lo he ocultado al montar esta parte", declara Erice. "Lo he hecho como si la película tuviera continuación, aunque algunos elementos que aquí aparecen se hubieran explicado mejor: en la segunda parte. Sin embargo, he asumido la situación y firmo esta película. Sé que son así las leyes de la producción cinematográfica. Aunque disiento de algunos motivos de la productora para interrumpir el rodaje, no quiero polemizar sobre ello y acepto las cosas tal como están, aunque sigo pensando en rodar la segunda parte de El Sur. Ahora es el público el dueño de la película".

Será porque estoy casado con una mujer del Norte que en su infancia era idéntica a Sonsoles Aranguren, será porque la casa de su infancia es tan parecida a ésta. No puede ser por motivos tan coyunturales, la peli es un prodigio de arriba a abajo, de sensibilidad, de poesía sobria y emocionante, de detalles. La composición de Omero Antonutti me ha parecido más emocionante que nunca. Sus gestos, sus movimientos, la manera de vestir los trajes, de tomarse una copa, de escribir una carta...

Dicen que hacerse mayor es malo, que te acercas al final, pero a mí lo único que me pasa es que cada vez redescubro obras que no me habían gustado en la adolescencia y disfruto infinitamente más obras que ya me habían gustado. Los poros se abren. El Arte es una fiesta.

sábado, 7 de febrero de 2015

CENTRO HISTÓRICO

En la ciudad portuguesa de Guimaraes estaban de fiesta en el año 2012 por la capitalidad europea de la cultura y se les ocurrió concitar a cuatro cineastas de primera magnitud para hacer una "italiana" película de episodios. Gran invento, los segmentos suelen compararse, aunque en este caso lo más llamativo realmente es ver qué actitud adopta cada cineasta con la levita anudada en plena fiesta.

Ninguno deja de ser quien es, pero con atenuantes diferentes.

Aki Kaurismaki como siempre consigue que hasta en Portugal haga frío, se le ve suyo pero un poco encorsetado por cómo mete fados a todo trapo.


Pedro Costa no sólo es muy suyo sino que hasta abusa y se exacerba a si mismo. Le sigue sacando partido, con total justificación, con causa y de manera triunfal al sublime personaje de Ventura. No renuncia a sus tejanos y a su camiseta (léase de forma metafórica) aunque esto sea una gala.


A Víctor Erice no se le suele ver en estos saraos, ni en estos ni en casi ninguno. Ya he dicho alguna vez que no soy amigo de sacar en procesión a San Víctor Erice mientras lloramos y cantamos la saeta "el pobre Víctor Erice no puede dirigir en España". Lo que no quita para que siempre me convenzan sus trabajos. El procedimiento de "Vidrios partidos" me parece en inicio demasiado agradecido, dar la palabra a antiguos trabajadores de una fábrica téxtil que hablan ante la cámara de sus recuerdos con una antigua foto a sus espaldas. Ideal para divagar sobre la palabra y la imagen o sobre el saber escuchar, el presente de Europa, el futuro y la herencia. Lo que pasa es que Erice encuentra en esos testimonios una bellísima serenidad, un orden y una ausencia de cuentas con el pasado, que acaba consiguiendo un fragmento de intenso humanismo, algo alargado al final con el parlamento del actor. Se lleva la gala de calle, don Víctor.


Finalmente el de Oliveira, aunque atractivo resulta demasiado escaso o precipitado, se le ve en un compromiso, que se saca de encima algo (in)decentemente.



Otro día hablamos de Godard y Greenaway, a los que también invitó a filmar la ciudad de Guimaraes.


martes, 12 de julio de 2011

EL ESPÍRITU DE LA COLMENA

Haciendo amigos:de por qué nunca participé del culto a Víctor Erice 

Uno siempre fue mucho más de la obra maestra "El sur" que de "El espíritu de la colmena". "El sol del membrillo" no he tenido paciencia ni disposición para verla, siempre un poco repelido por las palabras de Antonio López poniendo a parir furiosamente "La bella mentirosa" de Jacques Rivette, que a mi me sigue pareciendo excelente, con unos argumentos tan escalofriantes que me hacen temer lo peor en cuanto a exceso de realidad en Erice, agradeciendo que Rivette o quien sea le eche un poco de cuento a sus películas.

Tampoco fue uno muy amigo de ese culto patrio un tanto excesivo hacia Erice que acostumbraba a coronarse con el famoso "¡y que Erice no pueda rodar en España...!". A mi la exclamación siempre me produjo el mayor de los asombros porque supuse que no pocos productores españoles o extranjeros se partirían la cara por rodar con él (si su amigo Kiarostami puede rodar lo que rueda no creo que Erice pretenda superarlo en riesgo), todo a pesar de que alguno lo cambiara por Fernando Trueba para acabar haciendo una película más olvidada de lo que lo hubiera sido el peor de los Erices, que de todo ha de haber en la villa del Señor. Y que básicamente si Erice no había hecho más largos siempre he supuesto que habrá sido porque muy legítimamente no le ha dado la gana. 

Tampoco me conmovió tanto la famosa entrevista concedida a TVE sobre "El sur", aún lamentando mucho que sucediera lo que sucedió y que quizás se haya perdido una película fenomenal, lo cierto es que ya tenemos una película fenomenal y probablemente Erich Von Stroheim, Orson Welles o Sam Peckinpah rieran a mandíbula batiente escuchando lo que le sucedió a Erice con Querejeta.

No participé del culto, me costó considerarlo uno de mis directores favoritos de la misma manera que me cuesta consierar así a Charles Laughton.

De por qué nunca es tarde para cambiar de opinión 

Se acaba de editar en blu-ray un pack con "El espíritu de la colmena" y "El sur". Volver a ver "El espíritu de la colmena" años después con ese esplendor fotográfico es descubrir la película como si no la hubieras visto nunca, de hecho probablemente no la había visto nunca en las copias con las que me había topado. Muchas veces se ha intentado imitar torpemente este sutil cuento de descubrimiento del mundo y secretos de los adultos.La mítica de ese árido paisaje castellano bajo la luz de Luis Cuadrado depara una sesión que corona a la película, no sólo como una de las más grandes del cine español, sino como seguramente una de las mejores de su década. Y me queda volver a ver "El sur" en idénticas condiciones.