Lo primero que sorprende a la hora de intentar desentrañar mínimamente el misterio de la milagrosa "La maison des bois" (Maurice Pialat, 1971) es la dificultad para determinar con exactitud su origen literario. Parece ser que el capo de Antenne 2, entusiasmado con "L'enfance nue", le propone a Pialat el guion del prestigioso René Wheeler (del que existe una novela homónima firmada junto a una tal Maria Benedicto). Arlette Langmann, la colaboradora y pareja de Pialat lo reescribirá con 14 días de antelación al rodaje de cada capítulo, no gustando en principio a los inversores, pero la insistencia de Antenne 2 consigue que se encuentren nuevos inversores, todo en medio de la tumultuosa relación entre Pialat y su guionista(algo así he conseguido descifrar en mi precario francés).
Y es que a pesar de tan accidentado origen, pocas veces he visto funcionar a una película, en el mejor y más excelso sentido de la expresión como una "novela filmada". Nacer, crecer y morir con la espléndida solidez del trabajo concienzudo y minucioso de un autor, con esa sabiduría que hay que tener para agigantar una historia entre escenas aparentemente intrascendentes y clímax culminantes. Además de los temáticos que obviamente se encuentran en la opera prima de Pialat, no encuentro mayores antecedentes cinematográficos en esta sobrecogedora obra que la insólita capacidad para filmar la infilmable respiración de algo que tiene que ver con lo literario, insisto, en el más bello sentido del término (aunque parezca un insulto a los exégetas del celuloide químicamente puro), y cuando paradójicamente no se trata de ninguna obra literaria de referencia.
Puesto en escena totalmente fuera del cine de 1971 y fuera de cualquier otro cine que tuviese que venir por un Pialat con su inigualable pluma "camarográfica". Una obra que parece más algo que hemos soñado, incluso vivido y se ha acabado perdiendo en el río de la conciencia que un objeto fílmico clasificable que podamos atrapar.
Mostrando entradas con la etiqueta maurice pialat. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maurice pialat. Mostrar todas las entradas
lunes, 11 de marzo de 2019
lunes, 17 de abril de 2017
LE GARÇU
1991 trae dos acontecimientos a la vida de Maurice Pialat. A principios de año nace Antoine, el hijo que tiene con su productora y guionista Sylvie Danton. A finales de año estrena "Van Gogh", una de sus obras cumbre y una de las películas más hermosas del cine, como casi todas las suyas.
El nacimiento de Antoine, como era habitual en su obra, generará otra película de tintes autobiográficos, "Le garçu", protagonizada por el propio Antoine y los actores Gerard Depardieu, en su cuarta colaboración con Pialat, y Géraldine Pailhas.
"Le garçu" es una obra desconcertante, aparentemente algo ajena a otras películas suyas en teoría más secas y duras, incluso en su puesta en escena.
Vista ahora llaman la atención esos años 90, cuando siempre habíamos creído que los 70 eran el colmo de lo hortera, y llama la atención un cierta fealdad estética que empaña una elaborada y concienzuda puesta en escena, donde nada es excesivamente frontal, simétrico ni rutinario.
Otro de los elementos que para mí empañan algo la importancia de la película, que sin duda la tiene, es la presencia de Depardieu. El icono excesivo en que se había convertido en los años 90 emborrona el impacto emocional del film. Quizás entonces no se viera igual pero ahora visto en perspectiva me parece un error de casting y en el fondo me alegro de que no pudiera participar en "La gueule ouverte" porque estuviera ocupado en "Les valseuses" de Blier.
Es atractivo lo que late de fondo en la película, los asideros, las pertenencias, los enraizamientos de los seres humanos Y son sublimes las secuencias que llevan directamente a "La gueule ouverte", teletransportándonos 20 años atrás y mostrando que la mirada de Pialat sobre la ciudad de provincias, la familia y la muerte era consustancial a su propia naturaleza. Había nacido para eso y no importaba los años que pasaran.
El nacimiento de Antoine, como era habitual en su obra, generará otra película de tintes autobiográficos, "Le garçu", protagonizada por el propio Antoine y los actores Gerard Depardieu, en su cuarta colaboración con Pialat, y Géraldine Pailhas.
"Le garçu" es una obra desconcertante, aparentemente algo ajena a otras películas suyas en teoría más secas y duras, incluso en su puesta en escena.
Vista ahora llaman la atención esos años 90, cuando siempre habíamos creído que los 70 eran el colmo de lo hortera, y llama la atención un cierta fealdad estética que empaña una elaborada y concienzuda puesta en escena, donde nada es excesivamente frontal, simétrico ni rutinario.
Otro de los elementos que para mí empañan algo la importancia de la película, que sin duda la tiene, es la presencia de Depardieu. El icono excesivo en que se había convertido en los años 90 emborrona el impacto emocional del film. Quizás entonces no se viera igual pero ahora visto en perspectiva me parece un error de casting y en el fondo me alegro de que no pudiera participar en "La gueule ouverte" porque estuviera ocupado en "Les valseuses" de Blier.
Es atractivo lo que late de fondo en la película, los asideros, las pertenencias, los enraizamientos de los seres humanos Y son sublimes las secuencias que llevan directamente a "La gueule ouverte", teletransportándonos 20 años atrás y mostrando que la mirada de Pialat sobre la ciudad de provincias, la familia y la muerte era consustancial a su propia naturaleza. Había nacido para eso y no importaba los años que pasaran.
lunes, 12 de diciembre de 2016
PASSE TON BAC D'ABORD
Que ya sólo me quede "Le garçu" por descubrir entre los largometrajes de Maurice Pialat me produce una relativa melancolía porque en los últimos años volver una y otra vez a las películas de Pialat es volver a películas nunca vistas antes.
Esta pieza es de las menos conocidas de su filmografía pero no me parece una obra menor. Escenas de la vida de provincias protagonizadas por jovencitos y jovencitas a punto de graduarse en la secundaria. Un retrato que no adopta el típico punto de vista de sociólogo paternalista y analítico sino que sorprende y devasta por su sencillez y su autenticidad.
Como siempre Pialat no da lecciones sobre nada ni saca ninguna conclusión. Tampoco resulta de un objetivismo frío. Sabe no dar lecciones resultando a la vez cálido, cercano, real, creíble, natural, violento y conmovedor.
El fútbol visto por Pialat es otra cosa...por ejemplo...
Una película unida a su obra precedente y posterior a través de banquetes, fiestas, discusiones y escenas de amor. Una película hermosísima que fluye con una majestuosa e imponente seguridad. Sería una de sus obras mayores si se me ocurrieran menores.
viernes, 1 de mayo de 2015
A NUESTROS AMORES+BAJO EL SOL DE SATÁN
Maurice Pialat es uno de mis directores favoritos, y diría que es mi favorito si el criterio fuera qué películas cambian, progresan y evolucionan contigo de forma asombrosa. Porque en "Vertigo" y en "Ordet" puedes descubrir cosas nuevas pero fundamentalmente son la misma película. Las películas de Pialat adoptan formas nuevas, mutan de una forma bella, insólita en el cine, ante tu retina y cuando no estás con ellas.
Hay cientos de maneras de acercarse a una filmografía, pero a mi me llaman la atención dos predominantes. La consideración de cada película como una montaña de mayor o menor altura, dependiendo de consideraciones basadas en evidencias más o menos fáciles de explicar (como que en la década de los 80 yo sentía debilidad por "Police" de entre lo hecho por Pialat). Y otra forma, que debería tener cada vez más cancha, es la consideración de cada película como la pieza de un puzzle que aporta un valor personal e intransferible a un conjunto, que no respiraría sin ella de la misma manera, independientemente de la cota que se considere que ha alcanzado en el conjunto de la filmografía.
"A nuestros amores" podría no ser una de las mejores películas de Pialat. Esa irrupción de Sandrine Bonnaire, esa maravillosa irrupción, podría ser una prima hermana de sus contemporáneas de Rohmer, pasada por el barniz de la violencia y la confrontación física y psicológica del universo Pialat. Podría creerse que ha contado historias mejores, más intensas, más encarnecidas pero hay algo en ella que la conecta de forma mágica con todo el cine anterior y posterior de este descomunal cineasta.
Sin pretender dar ninguna doctrina positiva o negativa, optimista o pesimista, sin pretender impartir lección de nada, hablar de nada ni demostrar nada, en la película conviven la violencia y una conmovedora y soterrada ternura con naturalidad absoluta, ¡como si la vida no estuviera hecha de eso!. Pero claro, si lo que quisiese decirnos Pialat es que la vida está hecha de eso no le saldría tan bien. Nunca lo hizo tan bien como en la "La guele ouverte" pero no dejó de hacerlo, ya desde la mismísima "La infancia desnuda" con la que llegó al cine.
"Bajo el sol de Satán" adapta una obra de Georges Bernanos, escritor inevitablemente unido a Bresson, Abucheada en su día y estructurada en largos diálogos entre parejas de personajes, me parece una obra maestra absoluta y una de las películas más hermosas, duras, secas pero siendo seca profundamente turbadora que haya dado la década de los 80 o el cine en general. Carnal, realista, fantástica, religiosa...Lo tiene todo. Pialat caminaba en dirección a "Van Gogh", que como el sol de satán crece gozosamente con los años. "Bajo el sol de Satán" sobresale considerando el cine de Pialat como cumbres aisladas pero es directamente extasiante como parte del puzzle. Y el papelón de Sandrine Bonnaire es aún mejor que en la película que la catapultó a los altares. Que ya es decir.
Hay cientos de maneras de acercarse a una filmografía, pero a mi me llaman la atención dos predominantes. La consideración de cada película como una montaña de mayor o menor altura, dependiendo de consideraciones basadas en evidencias más o menos fáciles de explicar (como que en la década de los 80 yo sentía debilidad por "Police" de entre lo hecho por Pialat). Y otra forma, que debería tener cada vez más cancha, es la consideración de cada película como la pieza de un puzzle que aporta un valor personal e intransferible a un conjunto, que no respiraría sin ella de la misma manera, independientemente de la cota que se considere que ha alcanzado en el conjunto de la filmografía.
"A nuestros amores" podría no ser una de las mejores películas de Pialat. Esa irrupción de Sandrine Bonnaire, esa maravillosa irrupción, podría ser una prima hermana de sus contemporáneas de Rohmer, pasada por el barniz de la violencia y la confrontación física y psicológica del universo Pialat. Podría creerse que ha contado historias mejores, más intensas, más encarnecidas pero hay algo en ella que la conecta de forma mágica con todo el cine anterior y posterior de este descomunal cineasta.
Sin pretender dar ninguna doctrina positiva o negativa, optimista o pesimista, sin pretender impartir lección de nada, hablar de nada ni demostrar nada, en la película conviven la violencia y una conmovedora y soterrada ternura con naturalidad absoluta, ¡como si la vida no estuviera hecha de eso!. Pero claro, si lo que quisiese decirnos Pialat es que la vida está hecha de eso no le saldría tan bien. Nunca lo hizo tan bien como en la "La guele ouverte" pero no dejó de hacerlo, ya desde la mismísima "La infancia desnuda" con la que llegó al cine.
"Bajo el sol de Satán" adapta una obra de Georges Bernanos, escritor inevitablemente unido a Bresson, Abucheada en su día y estructurada en largos diálogos entre parejas de personajes, me parece una obra maestra absoluta y una de las películas más hermosas, duras, secas pero siendo seca profundamente turbadora que haya dado la década de los 80 o el cine en general. Carnal, realista, fantástica, religiosa...Lo tiene todo. Pialat caminaba en dirección a "Van Gogh", que como el sol de satán crece gozosamente con los años. "Bajo el sol de Satán" sobresale considerando el cine de Pialat como cumbres aisladas pero es directamente extasiante como parte del puzzle. Y el papelón de Sandrine Bonnaire es aún mejor que en la película que la catapultó a los altares. Que ya es decir.
sábado, 23 de febrero de 2013
LUCKY STAR+NOSOTROS NO ENVEJECEREMOS JUNTOS
Después del agradable éxito de la anterior entrada, vuelvo a la normalidad con muchas menos pretensiones, de hecho ninguna. Y con un ritmo respetable, para mí, de visionados. Sigo con los programas doble y amenazo próximamente con algo divertido del tipo "La toma del poder por Luis XIV+La jungla de cristal". Voy a procurar seguir jugando con la diversidad, sin forzarlo ni exageralo sin interrupción. De momento Borzage y Pialat.
LUCKY STAR
Frank Borzage utilizó por tercera vez a la pareja Charles Farrell-Janet Gaynor tras la justamente famosa "El séptimo cielo" y la que a mi siempre me ha resultado inferior, repetitiva y un tanto tosca por excesivamente folletinesca, por ir más remolque, con menos personalidad, "El ángel de la calle".
"Lucky star" es un paso adelante, la mejor de las tres, una película muda en incipiente época sonora, pero con la vista ya completamente puesta no en lo folletinesco de los personajes humildes y sufridores, sino completamente en lo que iba a ser el melodrama fundacional de los años 30, con sus excesos más grandes que la vida, pero siempre sin parecerlo.
"Lucky star" es un trabajo maestro adelantado a su tiempo donde la trama, el número de personajes y lo que sucede ha sido reducido a la mínima expresión. Profundiza en lo que ya había hecho Borzage (siempre pienso en la admirable "Lazybones") pero con un tino y una altura insólitas. En plantear las escenas con una delicadeza y una sensibilidad admirables, donde los lugares, el clima, la luz, el vestuario y la gestualidad no es que hagan avanzar la trama, es que son la trama. Será porque antes, sin esta parejita, Borzage había filmado la inspiradora "The river", quizás más libremente con otro tipo de exigencias o pretensiones. Creo que ejercitarse con "The river" conduce a Borzage a "Lucky star". Lo desatasca y le hace caminar milagrosamente.
Así se pasa por encima por las escenas de guerra, y así el tercero en discordia tiene un papel limitado.
A esa esencialidad tan sublime por ejemplo no había llegado aún otro maestro como King Vidor, que practicaba entonces otro tipo de maestría, pero lo haría en la década siguiente, quizás lo harían todos iluminados por la senda de Borzage, por imaginar y suponer....
NOSOTROS NO ENVEJECEREMOS JUNTOS
He visto bastantes películas últimamente de Maurice Pialat, director al que siempre había apreciado y que no hace más que subirme como la espuma. No me quedaré aquí. Titulo así la entrada no sé por qué, quizás porque ahí están las capturas más apetecibles de buscar y de poner, las más independientes del encanto de la película en movimiento y más potentes por si mismas, quizás porque sus dos figurones lo son todo, pero voy a comentar un poco por encima las demás películas.
No había visto "Police". Una historia de amor entre el antológico Mangin al que interpreta Gerard Depadieu y una joven Sophie Marceau, con mención especial para la secundaria Sandrine Bonnaire. Pialat consigue una historia de amor muy parecida a las suyas y a la vez un hito del género, podría ser perfectamente una de las mejores policiacas ever made.
Había pensado en dedicarle una entrada a "La gueule ouverte", no la había visto, pero las sensaciones exceden de largo a las palabras. Producida por el André Genovès de la mejor etapa de Chabrol y fotografiada por Nestor Almendros. Quiero revisitar las pelis que ya había visto de Pialat, pero probablemente ésta se erigirá como mi favorita desde ya. La lenta y dolorosa agonía de una mujer, vivida por su esposo (inmenso Hubert Deschamps), su hijo y su nuera (una jovencísima Nathalie Baye). Algunas películas entorno a la enfermedad de primera, de segunda y de regional preferente, desde su crudeza articulan un discurso sobre el amor,la fortaleza y la vida, o la ausencia de la misma. Aquí no hay discurso, desde la crudeza, la vitalidad de la carne y el vino se filtra milagrosamente de forma totalmente auténtica, espontánea y natural. Voy a poner poquitos documentos visuales con más razón que nunca, para que la película irrumpa en quien quiera descubrirla. Las mejores imágenes las encontraréis allí. Estremecedoramente bella desde (no hasta) lo insoportable. Obra maestra absoluta.
Me daba pereza ver "L'enfance nue". Las infancias difíciles cuando dan buenas películas las aprecio pero no es de los temas que más me hipnotizan en el cine, y empiezo a tener la sensación de que hay demasiadas. Truffaut estaba en la producción de esta película. Y no dejo de pensar que precisamente "Los 400 golpes", uno de esos títulos magníficos un tanto engullidos por su mito, es un referente que no debería menospreciarse. Truffaut y más tarde el mágico Eustache con "Mes petites amoureuses", a los que completaría por echar mano del presente con el posicionamiento ético y social de "El niño de la bicicleta" (donde como le sucede a Pialat, tampoco es el retrato del chico lo más atractivo). "L'enfance nue" por su parte es magnífica sin paliativos, pero una vez vista Pialat me parece sobre todo un sublime retratista de adultos, y aquí se me queda corto, me da hambre de otras cosas, por eso de esta película me quedo antes con el delicioso y veraz retrato del matrimonio Minguet que con el desamparado chaval de 10 años que la protagoniza.
La única que ya había visto es "Nosotros no envejeceremos juntos". Quizás como historia un tormentoso "ni contigo ni sin ti" , algo agotado en si mismo, repetitivamente negro y estéril si no tuviera otros mimbres que su historia, pero la película sigue siendo deslumbrante por las interpretaciones y por cómo las aprovecha Pialat, claro. Marlène Joubert y Jean Yanne baten todos los registros posibles y habidos y por haber. Dan completo sentido a la película, verles, aunque sea en foto fija es el mejor comentario que puede hacerse.(Mención especial a la mujer casada de Godard, Macha Méril, años después).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




.jpg)

.jpg)


.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

















