jueves, 16 de abril de 2026

VALOR SENTIMENTAL

 Más allá de que resulte una buena o mala película, cuestión que cada vez me parece más como lanzar una moneda al aire, con lo que más discrepo de lo leído sobre "Valor sentimental" (Joachim Trier, 2025) es con esa supuesta adscripción o intento de emular el cine de Ingmar Bergman. Más allá de ciertos motivos en la superficie como la familia o el teatro, que podrían pertenecer perfectamente a la tradición cultural nórdica o de esas latitudes de un Strinbderg, Chejov, Ibsen (la protagonista se llama Nora) la película me resulta muy lejana estilísticamente al cine de Bergman en prácticamente todo (interpretaciones, ritmo, escritura de diálogos y cadencia con que son dichos, música...). Creo jocosamente que a esta película le han hecho un poco "un Rohmer", ese director que ha influido a cualquier película con un menor de 30 años enamorado de alguien, cualquier menor que sepa decir dos frases seguidas.

Independientemente de esta cuestión me ha parecido una película atractiva en cierto modo por su intento de actualizar estos motivos nórdicos a los tiempos actuales. Tiene un dispositivo formal bastante seductor de espacios modernos, fríos, blanquecinos y austeros (la mejor metáfora del film en ese sentido es cómo el protagonista intenta poetizar y dar valor ante una actriz americana una vulgar silla de Ikea). Y tiene un trío que a mi me ha gustado mucho, Renate Reinsve, que es muy renombrada, Stellan Skarsgard , cómo pasa el tiempo, toda una vida desde que se quedó maltrecho animando a Emily Watson a satisfacer sus necesidades en otro Trier, y la desconocida Inga Ibsdotter Lilleas, que a mi me ha gustado tanto como su compañera.
Quizás donde me falla y no me acaba de entusiasmar, aunque sí me parece atractiva, es en cómo infla de aire la narración y en algún momento resulta un aparatoso paquidermo que no sabemos muy bien a dónde pretende dirigirse, estirando artificialmente su duración a más de dos horas. Que sí, de acuerdo, que no tenía ninguna prisa pero ninguna prisa pero uno debe desear que la película no se acabe y aquí hay un tramo final que no me da para más, con todas las cartas boca arriba desde hace rato y el espectador a punto de levantarse en seis o siete fundidos a negro que parecían el final de la película.



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