Y ahora vamos con uno de esos saltos que nos gustan tantísimo en este blog, el viernes pasado minions (la última película que había podido ver hace unos tres meses) y hoy Tarkovski, que vi justamente ayer y pongo ya hoy mismo como celebración.
Era día de fiesta en el trabajo, día lluvioso, habiendo dormido poco como casi siempre, pero este cine está ahí, fiel, sereno, tranquilo y confiado. Revisioné casi todo Tarkovski hace un par de semanas santas y sólo me quedó ésta.
"Sacrificio" es la película a la que tenía que llegar el director desde "Stalker", pasando por "Nostalgia", una evolución, transición, un camino de perfección, no quizás porque la película sea mejor que las anteriores, sino porque concluye esa sensación de senda que transmite la carrera de Tarkovski.
"Sacrificio" la hace en el exilio, adoptado por la producción, la localización y los actores de Ingmar Bergman, pero poco o nada tiene que ver con Bergman. Es una película fotografíada por Nykvist pero con los virajes, la luz y el agua de todo el cine ruso del cineasta. Nykvist mimetiza perfectamente un universo que late con la misma personalidad, la misma belleza y la misma armonía que el "Erbarme dich" de la pasión de Bach que abre la película.
"Sacrificio" está hecha con la sombra de una muerte inminente, con sentido del humor, con miedo ante el sinsentido y con esperanza, no en vano, y tiene mucho que ver con lo que cuenta, con el tema de la herencia, está dedicada a su hijo.
Cine maestro imperturbable e inmarchitable, resplandecientemente estremecedor y único más allá de los sentidos, las interpretaciones y las metáforas. Él es su propia metáfora. Provisto de una puesta en escena y una dirección artística mágicas...¡hoy es el cumpleaños de Florence Fouquier!
Obra testamentaria de un cineasta que no le debe nada a nadie, de un original, de un motor de la historia del cine como lo han sido Bergman, Antonioni, Rossellini o Fellini, o Dreyer. Cine espiritual hermanado con todos ellos y heredero de si mismo. Una suerte y un lujo. Qué más decir ahora que todos sus largos están en este blog.
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viernes, 12 de febrero de 2016
martes, 15 de abril de 2014
NOSTALGIA
Y llega el exilio. Trabajar en la Unión Soviética es muy costoso e Italia es quien acoge el trabajo de un Tarkovski reconocido internacionalmente.
"Nostalgia" siempre se sitúa como una especie de eslabón entre "Stalker" y "Sacrificio", recoge los frutos de una y anticipa los logros de la otra. Y quizás por eso siempre ha quedado algo eclipsada.
Vuelta a ver va ganando. Consigue que la Toscana parezca Rusia, que es lo que hacen los grandes autores, adueñarse de todo, llevárselo todo.
Aún así hay que notar que para bien o para mal, la película también es obra del guionista Tonino Guerra. Tiene mucho en común con muchos títulos de Antonioni y Angelopoulos. Por su dramaturgía de una búsqueda, de una investigación y de una crisis personal y de pareja, y también, por qué no decirlo, de una tendencia al discurso a veces un poco excesiva. No podría entenderse para bien o para mal sin Guerra.
Eso sí, los diez minutos finales son de su autor, engarce entre dos películas y pieza con entidad propia, como una película que resiste y crece.
STALKER
En el blog ya hay entrada para "Solaris", que me parece la mejor película de Tarkovski, y para la genial "El espejo", por tanto tenemos que continuar con "Stalker".
"Stalker" es su última película soviética, otra vez llena de problemas con una censura que le autorizaba primero los guiones y luego ardía iracunda por las supuestas lecturas críticas. Aderezados los obstáculos esta vez con la conocida circunstancia de haber tenido que repetir todos los exteriores, mal positivados en inicio.
"Stalker" es, en feliz hallazgo de planteamiento, estructuralmente un western, una película de aventuras o de ciencia-ficción. Seguramente alguna vez hayamos comentado las tonterías que decía Tarkovski acerca de ello, en una de las habituales muestras de incultura y de prepotencia de la intelectualidad europea. Que la ciencia-ficción era una "excusa". Ya, ¿y cuándo no lo es?. El género es una excusa, es un medio y es un fin. "Stalker" no es más profunda que "Moonfleet" o "Centauros del desierto" o "Viento en las velas", cuyo contenido no podría entenderse sin su género, no es una excusa, forma parte indisoluble de su propio contenido. Eso Ford, Lang o MacKendrick lo entienden perfectamente. Tarkovski parece tener mil y un complejos en sus declaraciones.
"Stalker" es la historia de una búsqueda en un mundo hostil en sepia. Tras dos obras de tanta inspiración y magnificencia como "Solaris" y "El espejo", el ruso ya no tenía límites. Plásticamente te introduce en otro mundo, y comienzas el viaje con el stalker y sus dos clientes hacia el resplandeciente color de La Zona.
De vuelta del viaje, de la aventura, silenciosa, en penumbras e inundada de un agua estanca y triste, "Stalker" ofrece en sus quince minutos finales lo mejor de la película, un vibrante y poético monólogo femenino que trae a la memoria, y no es la primera vez que pasa, al cine de John Ford. No tenían nada que ver, salvo esa poesía tan humanista, rotunda y lírica con la que tratan los dos a la madre.
"Stalker", sobre un relato de los Strugatsky, larga y pausada, declaraciones intelectuales al margen, es una de sus obras maestras.
lunes, 14 de abril de 2014
LA INFANCIA DE IVAN
Tarkovski debuta en el largometraje porque lo que ha rodado otro director Eduard Abalov no gusta al comité de turno. Y así, tras pensárselo tres días, nace "La infancia de Iván", que se dice que aceptan porque no entienden.
Aún así, tristemente carga con el sambenito positivo y muy injusto de Tarkovski accesible, por su cuerpo de sólido relato bélico. Y no porque ser accesible sea malo, sino por la pereza y la simpleza de considerar que sólo determinado tipo de relatos lo son.
"La infancia de Ivan", como "Andrei Rublev", es un buen y muchas veces un gran film, probablemente sea incluso menos genial que "Andrei Rublev", y lo más sobrecogedor que hay en él son las secuencias oníricas que marcaron a una generación de cineastas, no en vano Bergman hablaba de "territorio de los sueños", y lo más conmovedor es toda la poética de guerra, condensada en momentos como el del beso sobre la zanja o la carrera por la playa que no tiene nada que envidiar a ningún Doinel del mundo a pesar de haber sido filmada posteriormente, o ese final en clave documental de algún modo paralelo al final de Rublev.
Que no sean las hazañas bélicas las que lo conviertan en accesible, a tan insólita y tan bella película, que me sigue pareciendo todavía el inicio de un camino que iría construyendo el director con los años. El inicio de un camino no es la base, ni es inferior al final del camino, simplemente aún está huérfano de los aprendizajes, intensidades y revelaciones que el camino deparará.
domingo, 13 de abril de 2014
ANDREI RUBLEV
La segunda película de Andrei Tarkovski tras el éxito internacional de "La infancia de Ivan" nació con polémica y leyenda, siendo el punto de partida de las dificilísimas relaciones del director con los gobernantes soviéticos. El guión fue autorizado pero se pusieron todo tipo de trabas a su pase en el festival de Cannes, que finalmente fue de madrugada el último día (imaginen a los críticos de los más importantes periódicos de nuestro país viendo la película de Tarkovski el último día de madrugada), lo que no le impidó ganar precisamente el premio de la crítica.
Antes había trabajado durante dos años en el guión con Andrei Konchalovsky (futuro director de "Tango y Cash"...¡bien!). Siempre ha sido una de las películas suyas comentadas con más alborozo y entusiasmo, con un cierto marchamo de ser de las más accesibles, o la más. Lo cierto es que yo, que soy casi siempre ferviente admirador de la obra del director, siempre me había dado de bruces con ella, siendo incapaz de acabarla cuando había visto las demás sin pestañear.
Obligado finalmente a verme las tres horas en las dos tacadas que marca la propia película, estamos sin duda ante una bella e intensa obra, que cuenta no sé si la vida o más bien los tiempos del pintor de iconos ruso del siglo XV. Es obvio que como muy bien dicen todas las crónicas no se trata de un biopic hollywoodiense al uso de la vida de un artista, pero sí que le veo yo algo enunciativo que para mí la mantiene por debajo del sublime crescendo creativo que experimentaría la obra del director en los siguientes años.
De la misma forma que Tarkovski rechazó los ropajes de la ciencia-ficción e intento distanciarse en sus declaraciones de la etiqueta cuando hizo "Solaris" y "Stalker", aquí, como en "El séptimo sello" para Ingmar Bergman, no deja de beneficiarse de la respetabilidad de lo que podría llamarse un "cine histórico". Casi todo lo que suele decirse respecto a esta obra sobre el artista y la humanidad, sobre la violencia, la crueldad y la redención a través del trabajo artístico y la belleza está en la obra, si bien no de una forma narrativamente cómoda, si de una forma complacida para que el público al que va algo teledirigida pueda hablar de ella y lo que significa complacido.
Precisamente lo que más me gusta de la película es todo aquello que tiene de misterioso, de poético, de inconcreto, de blanco y negro, el agua, el viento y los cuerpos (la por entonces esposa de Tarkovski parece sacada de "Seconds", en una escena verdaderamente brillante), la fuga final en color, todo aquello que anticipa la libertad y la poesía que iban a poseer la obra de Tarkovski en los siguientes veinte años. Las enunciaciones sobre el artista, sus responsabilidades y su tiempo se las dejamos a los profesores de instituto que la recomienden fervientemente. Lo merece, aunque no me gusta todo lo que tiene de respetable, porque las otras no son menos en absoluto. Todo lo contrario.
viernes, 5 de julio de 2013
SOLARIS
La historia del conocimiento humano (en ciencia, filosofía o religión) prestigia las preguntas acerca del sentido de nuestras vidas, del por qué estamos aquí, pero presta menos atención o le parecen menos respetables y admirables las preguntas acerca de qué hacer una vez aquí, sea el motivo que sea el que nos haya traído hasta aquí.
Será que a mi siempre me ha interesado muy poco o nada por qué estamos aquí, pues no creo que ninguna respuesta alterara lo más mínimo mis preocupaciones y placeres fundamentales,. que por eso me fascina y me sigue fascinando "Solaris", la adaptación cinematográfica que llevó a cabo Andrei Tarkovski sobre una excelente novela de Stanislaw Lem.
"Solaris" película recoge perfectamente el planteamiento y el espíritu que late tras "Solaris", al menos el espíritu que para mí hace de este film una obra fundamental. Por mucho conocimiento recogido, por mucha solarística estudiada, por mucho afán de trascendencia y por muchas preguntas y misterios que nos embarguen, lo fundamental es preguntarse qué hacer una vez aquí, cómo relacionarse con los demás, cómo amar.
Kris Kelvin es un científico de primera línea en el estudio de los extraños comportamientos del planeta Solaris, pero no supo amar a su mujer Hari, que se suicidó por sentirse sola perdida antes los contínuos viajes de su marido y la prioridad que le daba a su trabajo y su carrera por encima de todas las cosas.
Tarkovski filma la soledad de Kris en las localizaciones de Zvenigorod, en sus famosas tomas de las algas y las aguas, recreándose en la pura belleza del agua y del entorno en contraste doloroso con la ofuscación personal del viudo, que desprecia a su colega y está en conflicto con su padre, con sus propias raíces, al que probablemente ni si quiera vea morir por culpa de su viaje espacial.
La larga y criticada escena del coche, en las que usan imágenes deslumbrantes de metrópolis japonesas, sirve de puente para el salto al espacio, en el que la reaparición de la esposa, mitad materialización, mitad fantasma, une a la película misteriosamente con el cine USA más poético y melodramático de los años 40, el japonés de los 50 y 60 y las grandes obras sobre parejas de Bergman y Pialat.
"Solaris" recorre todos los cines oníricos de amor y fantasmas que puedan recordarse, y recorriéndolos abre su propio camino y su propia lírica. Es una película íntimamente ligada al aquí y al ahora, y en eso Lem y Tarkovski se equivocaban profundamente. No hay ninguna vergüenza en considerarla una película de amor (o de ciencia-ficción, o de aventuras, la aventura de conocer y conocerse), porque las películas de amor tratan precisamente de las preocupaciones humanas realmente acuciantes, las que no necesitan ningún afán de trascendencia científico-mística, las preocupaciones que realmente dan todas las respuestas. Cómo relacionarse con los otros, querer contestar a otras preguntas es eludir el problema como hace Kris en estos relucientes, palpitantes, inmarchitables y profundamente emocionantes 158 minutos.
domingo, 3 de febrero de 2013
DÍAS DEL CIELO+EL ESPEJO
Fin de semana sin acceso a internet. Fin de semana muy divertido. Muy aventurado usar el "y" o el "pero" entre las dos frases, pero en los escasos momentos en los que he pensado en este diabólico y adictivo cachivache se me ha ocurrido hacer cuando sea posible programas doble como entradas. No necesariamente de películas que tengan algo que ver entre sí. Y se me ha ocurrido revisar mucho más, porque al fin y al cabo para mí las películas son como canciones y no tiene sentido que las escuche tan poco una segunda vez. Vamos con las dos películas, entre las que no voy a trazar paralelismos gratuitos, como suelen hacer a veces en los telediarios entre las óperas y las películas de Haneke.
DÍAS DEL CIELO
A día de hoy Terrence Malick lleva cornamenta y fríe a sus víctimas en humeantes calderas en el infierno, pero hubo un tiempo en el que era venerado, con bastante justicia a mi juicio.
Su segunda película demuestra que el interés o fuerza de una historia no necesariamente son los que fundamentan una película, que ni mucho menos es el guión lo más importante. Lo que cuenta es tópico y mil veces visto y el guión no es nada del otro jueves.
En cambio la película es bellísima. Por la consabida y justamente mítica fotografía de Nestor Almendros (qué olvidado en un país tan dado a patrioterismos paletos), por el vestuario de Patricia Norris, la dirección artística de Jack Fisk, la belleza agreste de Brooke Adams y el escuálido Sam Sephard y por el montaje con una envolvente cadencia pausada y musical, que ya remitía al mejor romanticismo europeo 25 años antes de "El nuevo mundo".
La película es deslumbrante sin peros, y hasta Morricone se bate con fortuna e inspiración ante Saint-Saëns.
EL ESPEJO
Mucho tiempo sin encontrarme con el fabuloso mundo de Andrei Tarkovski. Un cineasta genial que me recuerda poderosamente, sin recordármelo a John Ford. Y no es "El espejo" una excepción.
Una película que va ganando en poder de fascinación con los años, sin parar. Una poesía semi-documental sobre los recuerdos, sobre la figura de la madre, quebrándose el espacio y el tiempo con una magia prodigiosa, componiendo imágenes y sonidos absorbentes y grabados a fuego.
Demasiado tiempo alejado de este cine, que de estrenarse ahora abochornaría en libertad e inspiración visual a muchas de las obras que pasan por epicentro de la polémica cinéfila. Más Tarkovski necesita este blog, y más Ford, que por cierto anda algo abandonado, también para bochorno mío.
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