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lunes, 13 de agosto de 2018

LA TELENOVELA ERRANTE

Raro es un Sitges sin Raúl Ruiz, que siempre cae en la sección Seven chances, y éste Sitges no iba a ser una excepción. "La telenovela errante" es un film perdido rodado en 1990 a su vuelta del exilio y recuperado por su viuda Valeria Sarmiento y el montador Galut Alarcón, que presenta la sesión. Dejaron siete horas de material en 78 minutos, algo encomiable. Han deslumbrado con estos siete sketches de humor surrealista que habrían hecho las delicias del Buñuel setentero y que intentan expresar el Chile absurdo que Ruiz reencuentra. El primero ha sido justamente ovacionado al finalizar y quizás el único problema es que las historias se han montado en orden de interés decreciente hasta casi pedir la hora. Pero tampoco puedo asegurar si empezar tibios para no estar de humor cuando llega lo sublime es mejor opción, también la presente fue la opción de la reciente "Relatos salvajes". Aún desigual es una película la de Ruiz potente y recomendable. Una suerte que ya no esté perdida.

sábado, 6 de octubre de 2012

Sitges 2012 (I): LA NOCHE DE ENFRENTE+HOLY MOTORS

LA NOCHE DE ENFRENTE

A la entrada del cine un hombre pregunta si allí se proyecta una película portuguesa, tal habrá sido el calado de "Misterios de Lisboa", la penúltima película de Raúl Ruiz antes de su muerte y seguramente la que acabe quedando como su obra más popular.

Quien espere encontrar algo parecido a "Misterios de Lisboa" en esta testamentaria "La noche de enfrente" acabará decepcionado. Seguramente se parezca mucho más a otras obras de Ruiz, cineasta aún poco conocido del que vimos hace unas tres ediciones "La maison Nucingen", una extraña película sobre un relato de terror, algo incómoda, pero cuyo recuerdo sigue perviviendo en quien la ha visto.

"La noche de enfrente" encuentra también acomodo sin dificultades en el género fantástico. Un anciano que espera la muerte y recuerda flashes de su vida entre algunas canciones (un poco entre John Ford y Terence Davies) y la presencia de lo sobrenatural (con gotitas en la línea de obras similares de Fellini, Fosse y Altman), mezclado con una retórica literaria propia que se mueve entre lo bello y lo cargante y una preciosa fotografía digital.







HOLY MOTORS

La película de Ruiz y más aún la de Leos Carax (del que sólo había visto su famosa "Los amantes del Pont Neuf) justifican que existan los festivales de cine y que estos no deban ser una sucesión de preestrenos para que se empiece a hablar de estas películas en la prensa. La de Ruiz dudo que se estrene en España. La de Carax se estrenará en breve. Pero ambas poseen una condición de objetos de discusión que despertarán, están obligadas a despertar, adhesiones y rechazos frontales.

La película que ha hecho Leos Carax no tendría el menor sentido si algunos no la consideraran una tontería irritante  y tampoco tendría sentido que los que nos quejamos del adocenamiento y aburrimiento que provoca a veces la cartelera no nos arrodilláramos ante ella.

Es un objeto revulsivo, fascinante y enigmático que no nace huérfano, la abuela "Persona" y la paternidad y maternidad de "Mulholland drive" y su complemento o extensión "Inland empire" están allí, orgullosas de su pequeña y lozana criatura.

Carax se lanza por el abismo siguiendo a una especie de actor que sigue un extravagante itinerario en limusina cuyas paradas son la ejecución de papeles de lo más variopintos, marcianos y absurdos, desde lo truculento hasta lo melodramático pasando por lo musical o el motion capture, aparentemente desconectados entre sí, un ángel de la muerte cuyas identidades quedan completamente confundidas con quién es él realmente.

Hay un cierto sentido, dentro de un clima etéreo y surrealista, en lo que cuenta Carax, pero sería un pérdida quizás que ese misterio sobre qué estamos viendo realmente focalizara la atención de una obra arrojada a la imaginación, a lo onírico, a lo imprevisto, a la libertad narrativa y al gozo por filmar y por crear, además con fotografía de primera línea de los contrastados Yves Cape y  Caroline Champetier.

Una de las películas más importantes y estimulantes de los últimos tiempos, a la que volver cuando se estrene. Con un arrollador y camaleónico Denis Lavant, Kylie Minogue, Eva Mendes (olé por su valor), Michel Piccoli,  y una chófer interpretada por Edith Scob de la que la película, amante del cine como ella sola, no quiere olvidarse que un día fue "Los ojos sin rostro".








domingo, 15 de enero de 2012

MISTERIOS DE LISBOA

Como si fuera la mismísima "Rayuela", esta obra total de Raúl Ruiz puede "leerse" de dos maneras. Puede optarse por la versión cinematográfica, cuatro horas y media en las que se condensa un folletín de modo vertiginoso, en lo que es sin duda una experiencia radical, moderna y original (también tiene lo suyo de aturdimiento y desánimo). En la versión cinematográfica está probablemente la esencia y la novedad de "Misterios de Lisboa", y es por la que Ruiz y la crítica parecen inclinarse, que sea como sea está ya en las Estanterías de la Historia del Cine para cogerla cuando se quiera.

Sin embargo hay que romper una lanza por la versión televisiva, pues no siempre quiere uno someterse a la experiencia maravillosa de beberse una botella de gran vino de una sentada. En la versión televisiva está la esencia de lo que tiene "Misterios de Lisboa" de folletisnesco, en el sentido literal de novela por entregas, y encantador. El folletín que deja las espadas en alto al final del capítulo, que se va adheriendo a tu piel a lo largo de los días, en los que te da más tiempo de hacerte algo más con la trama, que tampoco importaría mucho, pero donde sobre todo vas tomando a sorbos a los personajes y al alucinante envoltorio visual de la película. El paso de los días es un factor crítico a favor de la obra.

Pero cuando "lees" la última página y cierras "Misterios de Lisboa", con el corazón sobrecogido, como ya apuntaba, entonces te das cuenta de que desaparecen los distingos. Como "Rayuela" es una sola obra, que puedes leer como quieras en el momento que quieras, descubriendo lo que no habías descubierto, redescubriendo paladeando o dejándote atropellar por su concatenado enloquecido de intrigas entorno al omnipresente y antológico Padre Dinis.

El visionado de la serie de televisión me da mejores claves para entender mejor "Nuncingen Haus", una algo opaca película de terror de Ruiz con sus atractivos, y para rendirme ante la figura de este director recientemente fallecido que dejó como su testamento su más que probable obra maestra.









sábado, 9 de abril de 2011

MISTERIOS DE LISBOA, TOMA PRIMERA

Me parecen muy atinadas las analogías que se están haciendo en algunos medios entre esta película y "Origen" de Nolan. A esta película le pasa un poco como a algunos títulos de Jacques Rivette (Ne tochez pas la hache y en especial La religieuse), pero en clave mucho más grave y exagerada y pesa mucho más sobre el resultado. A pesar de los enormes atractivos visuales, uno presume que el material de partida es tan vetusto, incomible y plomazo que no hay atractivo visual que pueda compensarme. El chorreo de hechos, personajes, honras y deshonras provoca mi desconexión casi inmediata y absoluta. La hermosísima y brillante puesta en escena no puede hacer nada y aún no he logrado ser tan formalista como para delirar sólo con eso, necesito un folletín desmelenado, no una paliza en un callejón oscuro. Al descanso me largo, no es de las peores películas que he visto ni renuncio a retomarla en otra ocasión (en una tele no mucho más pequeña que la pantalla), pero por todos los dioses, prometo que no puedo más por hoy y hace muy buen día. Lo que demuestra también que está desapareciendo en mí cierto sentido de obligación "profesional" que he tenido con las películas durante años.¿Una pena?, no lo creo, francamente.¿Recomendable?, sí, especialmente para valientes, leñe, si hasta "La mejor juventud" venía en dos partes...