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lunes, 4 de febrero de 2019

THE BATTLE OF SEXES (1928)

David Wark Griffith es el director de la época muda cuya filmografía he estado descubriendo en los últimos años con mayor deleite y dedicación. Suelo ser caótico y disperso con lo que elijo ver, cosa que no tengo intención de cambiar, pero con Griffith largo que aparece largo sobre el que me lanzo, hasta estar casi acabándomelos. 

Y más cuando parece un lugar común que a partir de "Las dos huerfanitas" ya sin Lillian Gish su carrera se adentra en una decadencia que personalmente no acierto a ver, aún regada de un ramillete de películas a veces verdaderamente magníficas, muchas con su entrañable nueva musa Carol Dempster, aunque no tengan el marchamo mítico de obras como "Lirios rotos" ni la Dempster sea obviamente Lillian Gish. 

Por tanto no se me podía pasar de largo la puesta a nuestra disposición  de "The battle of sexes" (1928). No me ha parecido una de sus piezas mayúsculas de la década pero sin duda sin historia architópica está contada con una enorme gracilidad, sentido del detalle y soberbia dirección de un reparto que no ha pasado a la Historia, salvo el muy humanitario Jean Hersholt que ha dado su nombre a un Oscar en honor a labores benéficas.Un melodrama moralista que se ve bien y se pasa en dos suspiros.



miércoles, 18 de mayo de 2016

CLAROSCURO GRIFFITH

Claroscuro Griffith

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“Yo le admiraba, le veneraba, pero él no necesitaba un discípulo. Necesitaba trabajo. Nunca he odiado realmente a Hollywood a no ser por el trato que dispensó a David Wark Griffith. Ninguna ciudad, ninguna profesión ni forma de arte le deben tanto a un solo hombre” Orson Welles
Incluso los más cinéfilos, los que no parecen verse afectados por los tabúes entorno al cine silente, no parecen muy aficionados al cine realizado antes de la década de los 20 y aún menos todavía citan entre sus directores favoritos a David Wark Griffith.
Se suele preferir con mucho a F. W Murnau, y  resulta no sólo comprensible sino incluso preferible si a Griffith se le ha de citar sólo como pionero, lo que en no pocas veces no es rigurosamente cierto sino que no hace justicia a las verdaderas virtudes del director. (Decía Mark Cousin en “The story of a film” que la verdadera innovación de Griffith era el movimiento de las hojas de los árboles).
Uno siempre incluiría a David W.Griffith entre los diez más grandes de la historia, y es una preferencia problemática, pues no sólo su magisterio no es tan evidente como el de un Murnau, no sólo su magia es proferida en voz baja o al menos con unos recursos menos destellantes que los de la generación expresionista que iba a llegar, sino que además la figura de Griffith se ve envuelta en un lodazal ideológico de muy difícil salida.
Rueda más de 450 cortos no exentos de interés y de novedades, pero los mayores estímulos yo los encuentro en sus largometrajes.
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En “The musketeers of Pig Alley” (1912) aseguran que Griffith inventa poco menos que el cine de gángsters. Es un corto de interés, aunque incomparable a una obra de la talla de “La ley del hampa” de Josef Von Sternberg, que inaugurará dicho cine con todas las de la ley.

Si bien es un lugar comúnmente aceptado que ideología y arte no tienen por qué ir unidos, que una obra rechazable en lo ideológico puede ser admirable en lo artístico. Si bien de estos valores se han beneficiado figuras como, la para mí sobrevaloradísima, Leni Riefenstahl, volver a una película como “El nacimiento de una nación” no deja de ser una experiencia profundamente contradictoria. Si en 50 años de revisiones y revisitaciones al alza aquel proverbial racismo de un John Ford ha quedado pulverizado, el de Griffith resulta imposible de borrar. No importa que se considere el contexto de un Griffith hijo de un sudista, que se considere su vocación didáctica pretendiendo narrar el convulso Sur de postguerra. Ni cien mil supuestas verdades pueden ocultar la incitación al odio de una película que causó muchos disturbios y algún muerto, y no precisamente a manos de personas que hubiesen podido entenderla mal. Su maniqueísmo sigue siendo imposible de perturbar desde nuevos focos.
Hace aproximádamente dos meses se cumplía el centenario de su estreno en todo el país, salvando una premiere un mes antes, un 8 de febrero. Y lo cierto es que no deja de ser tampoco una película no sólo abundantemente estudiada, sino que conserva un poder narrativo cien años después que tampoco ha podido ser perturbado (celebramos el primer centenario del primer largometraje consensuado como clásico).
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Lillian Gish en “El nacimiento de una nación” (1915)

Uno ve en “El nacimiento de una nación” todo el cine clásico que vendrá, pero eso no ha de confundirse con la enumeración de qué ingenios “inventó” Griffith, sino con la capacidad de la película marcando el sendero que toda una historia del cine iba a comenzar a seguir. Porque influyó a John Ford, la saqueó “Lo que el viento se llevó” (ese baile inicial, los carpetbaggers, el victimismo sudista, el Ku Klux Klan, que no citan tan abiertamente en la peli de Selznick pero qué es si no esa reunión política a la que han acudido los caballeros por la noche mientras las señoras leen David Copperfield). Es que influyó a los rusos, a Eisenstein, a Welles y a todo bicho viviente que se sintiera consecutivamente influido por todos los citados.
Cien años después conviven en nosotros ambos sentimientos. Que no es ninguna inocentada que saliera gratis a la sociedad en la que se hizo, y que es innegablemente una obra maestra del cine en el sentido más literal de la expresión.
Pero paradójicamente quizás ni si quiera sea la mejor película de Griffith.  Justo después hizo “Intolerancia”, donde multiplicó sus audacias hasta el infinito e inició su incansable carrera de autojustificación por la película del Klan.
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Los famosos decorados de Babilonia en “Intolerancia” (1916), donde cuenta alternativamente cuatro historias, en las que modula en el montaje el ritmo de cada una de ellas.

Hizo “Lirios rotos” y se ha utilizado muchas veces como argumento exculpatorio el papel positivo de un chico chino. Hizo “Corazones del mundo”, donde destaca, como en casi todas sus películas un escrupuloso y curiosísimo didactismo histórico, cómo se nos muestra aquí los momentos previos a la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial. Se nos olvidaba mencionar a ese respecto la magistral escena del asesinato de Abraham Lincoln en “El nacimiento de una nación”.
Y  consagró a Lillian Gish como primera gran actriz de la historia del cine, en obras como “True heart Susie”, aunque la popular en aquella América fuera Mary Pickford y aunque la Gish hiciese siempre el mismo papel esquemático e inocentón que ella tanto detestaba, con Griffith los directores aprenden a saber mirar a los ojos de sus intérpretes.
Funda United Artists con Chaplin, Doug Fairbanks y la propia Mary Pickford, una de las productoras más libres que han existido, hasta que Cimino del que hablábamos recientemente se la cargó con “La puerta del cielo”
Con “Las dos huerfanitas” y sobre todo con “Las dos tormentas”, quizás su mejor película, todas llenas de recursos y tanto asombro como sencillez pasmante, llega a la que todo el mundo ha supuesto su etapa de decadencia.
Se empareja con Carol Dempster, bailarina en “Intolerancia”, fabulosa presencia de la segunda etapa de su cine que para mí tiene poco que envidiar a Lillian Gish (o al menos es un cambio positivo para una carrera que cambia pero no se detiene) y hacen juntos otra muestra de didactismo histórico menos lograda como “America”, a la que sigue tras un viaje por Europa donde es tentado por el mismísimo Mussolini “Isn’t life wonderful”,  un retrato de la Alemania de entreguerras que presagia el nazismo y es una de sus obras maestras absolutas o “Sally la hija del circo” con el famoso cómico W.C Fields.
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Carol Dempster, la presencia fundamental de la segunda parte de su cine.

Su última película muda es  “Lady of the pavements”, donde yo sigo sin encontrar síntomas de agotamiento, hasta llegar a un epílogo sonoro, habitualmente denostadísimo también que incluye “Abraham Lincoln”, una película curiosísima y brillante, muy Raoul Walsh diría, que dista mucho de ser la hagiografía que muchos suponen sin haberla  visto, y “The struggle”, una obra audaz y adelantadísima a su tiempo, como todas las que hizo, tan comprometida con la realidad de la Depresión como pueda estarlo “Y el mundo marcha” de Vidor y de idéntica categoría artística. Tan comprometida como estuvo siempre Griffith, acertada y equivocadamente con su arte y su tiempo.
Muere en 1948, tras un largo, penoso y cruel olvido a manos de Hollywood de quien fue su verdadero padre. Un parricidio en toda regla.

sábado, 16 de agosto de 2014

CORAZONES DEL MUNDO

Hace algunos meses este texto de uno de los blogs amigos de la casa me hizo recordar la existencia de uno de los títulos menos reseñados de Griffith.

Hacer películas sobre el aquí y el ahora tiene enormes ventajas. no sólo por la enorme potencia e interés dramático que ofrecen en su momento, sino porque conservan la fuerza cuando te interesas cien años después por ese momento. No hablo de que el documento te permita conocer "la verdad", tratándose de esta película sería ridículo, pero una película sobre la I Guerra Mundial estrenada en 1918 tiene un plus de atractivo y de garra que ya no es el mismo si se rueda años después.

Sucedió lo mismo cuando Griffith rodó la Alemania de los años 20 en "Isn't it life wonderful", porque en ambas se refiere a detalles y a hechos concretos del momento, que ideologías, propagandismos y puntos de vista al margen tienen un interés documental de primera magnitud.

Dicen las crónicas que Griffith rueda "Hearts of the world" a instancias de los requerimientos del gobierno británico en el invierno de 1916 (alrededor de las premieres británicas de Intolerancia) para avivar la entrada de EEUU en la guerra, atraído por las posibilidades de rodar imágenes del frente. EEUU entraría en 1917 y la película se presentó en Los Ángeles en marzo de 1918, meses antes de la finalización del conflicto.

Como haría con "America", como ha hecho en un importante número de títulos, funde lo personal y lo colectivo de manera perfecta. Quizás por ser el primer gran cineasta épico sobre el que han bebido todos los demás. Mezcla la política (el gobierno inglés esperando la contestación del ultimátum a Alemania para que se retire de Bélgica entre otras escenas), con las escenas de guerra en la que se ven inmiscuidos los protagonistas, las escenas de paz, y momentos tan antológicos como el que muestra a Lillian Gish con su vestido de novia con la mirada perdida entre la destrucción.

Cuenta Lillian Gish que Griffith lamentaría en parte esa mirada tan grotesca sobre los alemanes (la guerra es el verdadero villano se repetiría), y quizás en parte por eso hiciese ese retrato de "Isn't it life wonderful", como dicen que hizo "Intolerancia" tras "El nacimiento de una nación". Una figura ambigua y compleja tan humanista como fruto-que no víctima- de sus circunstancias, sureño, hombre de la industria (y amigo de un poder político y económico que en un momento dado le dejó de lado), fustigó y coqueteó con los fascismos por igual (rechazó hacer el cine de Mussolini y anticipó el nazismo en su película alemana).

"Herats of the world" es una película a la vez vigorosa y auténtica y a la vez propagandística y de tebeo de guerra. Otra muestra de narración de acero y de semilla esparcida para las décadas venideras.







jueves, 22 de agosto de 2013

ISN'T LIFE WONDERFUL

En el capítulo anterior habíamos dicho que Griffith hace "America" en el año 24, con apoyo institucional, mucho dinero y una pareja de jovencitos sin Lillian Gish. Habíamos dicho que no le salió digamos redonda pero que vaya...y que fue su último épico.

En el 24 se va con Griffith productions a Alemania y con la misma pareja de protagonistas, menos guapetones y mejor utilizados, y cambia radicalmente el tono con esta desconocida e insólita obra que estrenará United Artists a finales de aquel año.

Basándose en una novela de Geoffrey Moss, Griffith se erige en más padre que nunca siendo un poco Murnau con su naturaleza y su río, o más alemán que Murnau, antes de "Amanecer" o "City girl", y construyendo casi casi "Y el mundo marcha" y "El pan nuestro de cada día" juntitas en una antes de que King Vidor las crease, o dando ya toda la ternura de Borzage.

La película es absolutamente magistral, domina sus notas de comedia, la lírica de la pareja que no puede casarse, la voluntad para salir adelante, o el sentimiento de fortuna por lo importante, al igual que domina su realismo social y sus apuntes crueles y certeros de clase, o la crónica de lo que sucedía en Alemania en los años 20 con la economía y su soberbia pieza de la devaluación del marco. Bueno, y si uno lo piensa, sus últimos cinco minutos son como una crónica de lo que ya era el partido nazi. Y qué decir de ese insólito cabaret en el que parece que van a irrumpir Joel Grey y Liza Minnelli de un momento a otro.

No es de extrañar que alguien apuntara en una de las entradas del blog que Griffith empezaba y se acababa él solito todo el cine, vista ésta es que yo creo que tenía que desanimarlos a todos (por suerte no lo hizo), pero desde luego ha llegado el momento de dejarlo descansar un tiempo más. O no, vaya, que le tengo echado el ojo a una que tampoco conocía y se llama "The greatest moment". Pero vaya, que tendré que alternarlo porque este director me deja exhausto de plenitud y satisfacción cinematográfica. Me ocupa y me satura todos los poros. Y feliz. Griffithopatía  feliz.











viernes, 16 de agosto de 2013

AMERICA

Carol Dempster tuvo la difícil e ingrata labor de sustituir a la sublime Lillian Gish en las películas de Griffith, Ya había trabajado con él como bailarina babilónica en "Intolerancia" y en pequeños papeles hasta llegar a "America", en la que parece ser que ya se había gastado una pasta como para encima pagar convenientemente el caché de la Gish.

"America" es el último épico de Griffith, una película muy cara, publicitada y apoyada en su momento por tratar el tema de la revolución americana. La idea surge de la Daughters of American Revolution, que involucran al tristemente famoso en el futuro Will Hays.

No tan rotunda como sus obras maestras, pero con el suficiente atractivo para provocar comodidad y verse con soltura, con ese gusto que se siente viendo siempre al primitivo por excelencia, primitivo no en el sentido de no desarrollada sino de esencialista.

Quizás se echó en falta que la historia personal no tuviese la misma fuerza que la historia colectiva, aunque a mi la presencia de Carol Dempster me parece sugestiva, no tanto como la de Lillian Gish, pero sustituirla en el imaginario del director efectivamente no era poca cosa y no fue muy desastroso para mí.

El mismo años hace "Isn't life wonderful", hoy en día más querida que "America", después de viajar a Italia y según Senses of Cinema plantearse trabajar para Mussolini. Ya la tengo medio localizada para la semana que viene, sin pagar los 75 dólares que piden por ella en amazon, único lugar en el que se encuentra a la venta al público. En unos días volvemos y seguimos con este mini-ciclo de silentes.





sábado, 18 de mayo de 2013

THE STRUGGLE

Escribo estas líneas a la carrera porque me voy unos días de vacaciones (supongo que ya es tarde para pedir opiniones sobre el museo del cine de Turín y otras atracciones de la ciudad). Mira que siempre me tengo que ir de viaje cuando en el "incoming" empiezan a caer joyas de lo más apetecible, jeje, pero...ya llevaba dos viajes suspendidos y ya se sabe que muchísimo más para bien que para mal la vida real le acaba ganando a las películas.

Aprovecho este cuarto de hora escaso y empiezo resumiendo el fin de semana anterior en el que estuve solito en casa, con fiebre y con el ojo rojo (aunque viera perfectamente no se fíen de los siguientes y telegramáticos juicios).

George Franju: Sublime "Therese Desqueyroux" y menos interesante "Judex", aunque me llame la atención encontrar siempre a mujeres cautivas en la obra de este director.

Monsieur Verdoux: Excelso guión de Chaplin.

El discreto encanto de la burguesía: Muy divertida, aunque "El fantasma de la libertad" me parece más audaz e imprevisible y "Ese oscuro objeto de deseo" directamente magistral y un final pluscuamperfecto de ese crescendo francés de la obra de Buñuel.

Renzo y Luciana: el fragmento perdido de "Bocaccio 70", de Mario Monicelli, ácido, divertido y actual, cuántos vacíos imperdonables tengo en la comedia italiana de esa época.

Mauro Bolognini: "La corruzione" y "Bubu". Mejores tratamientos que temas. Concisa, sexy y punzante la primera. Algo dulzona en sus colores la segunda aunque maravillosamente bien terminada la segunda. Las primeras que veía de él. A la vuelta me espera "La primera noche de la quietud" de Valerio Zurlini, que tiene una buenísima pinta. Hay que llamar a nuevas puertas y salir de los italianos de siempre, aunque sean geniales.

Sandra: Magnífico y fantasmagórico Visconti. Como "Noches blancas" pero en los 60. Como un Val Lewton o un noir de la Fox pero en el mundo decadente de Visconti.

Un hombre bajo la influencia

Y la película de esta semana es "The struggle", el último largometraje de D. W Griffith, marcado por el mismo estigma de decadencia que arrastra la espléndida "Abraham Lincoln".

Hay que verlo para creerlo. Griffith descoloca al inicio con una bofetada y se te descuelgan los ojos con una película totalmente extraterrestre y fuera de su época. No extraña nada que no triunfara en su época, que arrastre lo que arrastra porque un espectador de 1931 no podía tener ningún asidero para disfrutarla.

"The struggle" está enraizada en el viejo y mejor cine que había hecho siempre Griffith, pero llevado a una depuración total y absoluta que supone un paso más allá. Lo podían relacionar con "The crowd" de Vidor, pero no era eso, no se podía relacionar con Borzage, ni con Stahl ni con nada que estuviera relacionado con un melodrama puro.

"The struggle" es puro realismo Depresivo y es abstracción, nitidez, expresividad en las formas. Es una mezcla rarísima cuyos referentes hay que buscarlos en el futuro. Me recuerda mucho más a una película de John Cassavetes, en su tratamiento de los pequeños gestos y las pequeñas emociones del día a día en una familia que se va resquebrajando, que a ningún otro referente presente o pasado en 1931. Me recuerda a Cassavetes como "The salvation hunters" me puede recordar a Antonioni (otra maravilla adelantada a su tiempo que nu tuvo la cancha ni la repercusión necesarias).

La comparación puede resultar boba o disparatada, pero si las comparaciones no se fuerzan, ridiculizan o exageran un poco nos quedamos muy cojos trazando líneas que describan la película y acabamos escribiendo un pulidito artículo de la wikipedia. Uno prefiere caer en el ridículo a escribir artículos de la wikipedia.

"The struggle" una total y absoluta obra maestra que sigue dejando a Griffith entre los más grandes, y a las pelis suyas que no he visto navegando entre la pena por no haberlas visto y la deslumbrante promesa de felicidades futuras.

Hasta pronto.










domingo, 25 de noviembre de 2012

LAS DOS HUÉRFANAS


Además del festival 4+1, otra cita importante de estos días es el acceso (en España) al catálogo mudo de Divisa via streaming a módico precio. 

Últimamente este blog está muy silente, pero no tiene nada que ver con las pelis de Haznavicius o Berger. Obviamente las grandes películas mudas siempre me gustaron, igual que las grandes películas sonoras, las grandes películas en color, o las grandes películas italianas...Aún así, cabe constatar que el gran mudo entra cada vez con más facilidad, como el mejor licor, dinamitando el teórico obstáculo del cambio de ritmo de los fotogramas por segundo.

Yo estoy en plena efervescencia Griffith (no es la primera vez en mi vida), pero el espectador podrá encontrar un amplio catálogo de Murnau, Lang, Pabst...y todito en copias la mar de interesantes y lustrosas.

"Las dos huérfanas", que no había visto, es un delirante folletín ambientado en la Revolución Francesa. A pesar de sus moralistas y sonrojantes rótulos del inicio (el puente que traza entre Robespierre y los peligros del bolchevismo y el anarquismo es tremendo), a los cinco minutos ya te tiene atrapado, y su historia personal y colectiva, su brillantísima arquitectura, la bellísima sencillez de cada plano y aquí en especial el ejercicio de montaje paralelo, amplificando y rejuveneciendo lo que hiciera en "Intolerancia", te dejan sabiendo por qué unas películas sí y otras no.

Yo diría que algunos decorados ya los he visto en otras películas, hay ahí un recibidor, una especie de descansillo de la casa muy familiar. Pero da igual que sea la Francia del XVIII o la Nueva York de principios de siglo. DG sigue imponiendo su sombra alargada, desde la comercialidad, el cánon clásico y la salvación en el último minuto. Pero con un magisterio inagotable.







jueves, 1 de noviembre de 2012

TRUE HEART SUSIE

En ocasiones, muy frecuentemente, me cuesta cantidades obscenas de tiempo decidir película. En esas indecisiones podría haber visto filmografías, haber vivido vidas enteras. A veces la respuesta es tan fácil como "True heart Susie". Un título relativamente poco conocido, un regreso al Padre, que siéndolo no parece el Padre ni ejerce de Padre.

"True heart Susie" es la sencillez, hacer fácil, facilísimo lo difícil. No parecer la gran película que es (por debajo de otras cotas quizás, seguramente). Es evidente que en esa sencillez se ancla lo que luego será el complejo arte del melodrama. A Borzge y su quinta hay que buscarlos en Griffith.

Sólo una pega. No comparto su punto de vista. La bondad no está recompensar a los mediocres tras toda una vida de ceguera. Yo hubiese introducido a un segundo personaje masculino. No comparto lo que cuenta, aunque sea tan emocionante desde la inconsciencia más absoluta de serlo.







viernes, 20 de julio de 2012

LAS DOS TORMENTAS

No me pasa desapercibido que a los tres minutos ya adivines 145 de película (pero aún así te mueras de ganas por verlo), no me pasa desapercibido lo increíble que resulta que tras una dramática y avergonzante peripecia una pobre chica empiece una nueva vida en un lugar donde acaba coincidiendo con los seres más decisivos de su terrible pasado. A eso se le llama mala suerte, poca vista o un concepto hiperbólico de la fatalidad.

Tampoco me pasa desapercibido lo increíble que resulta que un furibundo suceso meterológico ponga en solfa toda la escala de valores no ya de una comunidad, si no de una sociedad en general.

Lilliam Gish decía haberse partido de la risa leyendo la obra original en la que se basa "Way down east", sin embargo coincido con ella en pensar que la película de Griffith es una obra maestra, menos vista de lo que se debería.

Alguna vez comenté que Griffith parecía no estar muy de moda hoy en día, pero sigue produciendo un asombro increíble que en su cine se sigan adivinando todos los cines, al menos en la cinematografía USA, todos los cines que él ya manejaba con seguridad, poesía y maestría.

"Las dos tormentas" es un relato puramente folletinesco, de larguísimo recorrido. Un melodrama con un punto de gran relato americano, sin serlo del todo, una mezcla de tonalidades fascinante y logradísima. Una película urbana y rural a partes iguales que hace pensar en muchos directores, con un medio rural como pocas veces se pudo ver. Todos vieron a Griffith, todos bebieron de esas películas. Sin descargo de que probablemente Griffith también fuese un espectador de sus propios pioneros, es difícil pensar en algún cine tan rico que haya generado tanto cine como el de Griffith.

Para quien quiera aprender lo que son las películas, no necesita llenarse de ellas, en "Las dos tormentas" parecen estar casi todas las películas posibles. Y en sus 15-20 minutos finales, asistimos boquiabiertos a un reto aventurero que podría dejar a las películas de Herzog en aseadas obras teatrales de estudio.