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domingo, 1 de julio de 2012

LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES





El cine tiene su propia vibración. Es un arte que se alimenta de otras artes, se quiera o no se quiera, pero que provoca una emoción completamente independiente del latido de la pintura o la literatura. Una emoción que ninguna otra disciplina puede provocar y no siempre tiene que estar relacionada con la reflexión o la hondura psicológica.

El cine no es contar una historia, o es muchísimo más que contar una historia. Sólo así se entiende la paradoja de que alguien consiga hacer una película apasionante, fascinante, magistral, maravillosa, inolvidable, contando una historia aburrida, vulgar, fea, una verdadera basura insufrible sobre asesinos, citas bíblicas y fotos reveladoras.

Todas mis expectativas satisfechas en este thriller, en esta obra de género pura, desacomplejada, una sinfonía de luz envolvente, presencias dominadoras de la escena, grandiosos movimientos de cámara y un montaje virtuoso que proporciona un ritmo hipnótico a la más absoluta nada. Una inspiradísima sinfonía que hace vibrar eufóricamente, con ese latido que pertenece al cine y sólo al cine.

Que absurdo que la segunda parte no vaya a tener a David Fincher. Qué comprensible que no le estimule seguir sacando petróleo de esta esquelética historia. Bendita sea esta sequía de ideas con la que se ha relacionado a esta película. Sólo le señalo esa limitación, lo que te está contando es una verdadera bazofia, cómo te lo cuenta es de un virtuosismo extasiante.

martes, 6 de marzo de 2012

LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES

En principio no hay nada en la trilogía de Stieg Larsson que la haga merecedora de la atención acumulada, es la típica historia de chica desaparecida, que esconde detrás una resolución no demasiado emocionante, una escena en la que se descubre algo mirando fijamente una foto, entonces…¿Dónde está el secreto de su éxito? En ella. Lisbeth Salander. 

Y eso lo sabe perfectamente David Fincher, desde los titulos de crédito, unos titulos oscuros y espectaculares, de pesadilla, con una música estruendosa, justo el universo perfecto en el que se mueve una Lisbeth muy bien interpretada por Rooney Mara, el mundo de Lisbeth, opaco, donde la información personal se suministra en dosis muy pequeñas y el resto fluye a la velocidad de la luz. 

Daniel Craig está correcto, era el Blomkvist perfecto, la pelicula se centra en la relación entre ellos, en como un personaje tan oscuro y asocial como el de Lisbeth puede encontrar cierta comodidad con la presencia de otra persona, una que no la juzga.

 Fincher construye una pelicula potente, trepidante y que cincela la novela hasta convertirse en algo mejor que ésta. La trama es secundaria, el foco está sobre Lisbeth, su aparición entierra a los demás Hackers que hayan sido retratados por el cine.