viernes, 17 de abril de 2026

TRÁS-OS-MONTES+ANA

 Hace unos tres años saqué fuerzas de flaqueza para ir entre semana a Barcelona a ver "La isla de los amores" de Paulo Rocha. Lo que no tuve fue valor para ver al día siguiente en la filmoteca a las nueve de la noche "Trás-os-montes"(1976), la mítica película de António Reis y Margarida Martins Cordeiro, de la que durante tanto tiempo los mortales leíamos y solo podíamos ver una copia rijosa en youtube. Y me acuerdo porque barajé durante unos días la posibilidad-

Vista ahora yo creo que me pilla un poco a contrapie, no la película, que es de una grandísima categoría aunque ya rara vez tenga ya nuevas epifanías ni revelaciones marianas en el plano más íntimo y siento por ella una de esas admiraciones desde una cierta distancia, no es una película que me afecte personalmente. Me gusta mucho esa mirada cinematográfica clara y limpia, que no es tan fácil que no caiga en la afectación en la que caen algunos, y no cae, mirada de la que puede ser heredero el actual y aplaudido Guerin. Y me gusta que a medida que avanza el metraje la película es de sugerencias y sugestiones lo bastante abiertas como para volver a ella. Es uno de esos objetos misteriosos, inasibles, una de esas películas que uno no ha acabado de ver a la primera, algo que he dicho muchas veces de otras y lo he cumplido pasado el tiempo, las he vuelto a ver porque no me las acabo.
Lo que me pilla más a contrapie son las ganas y las posibilidades intelectuales de disertar sobre ella. El ejercicio profesional de la cinefilia. Las admiro y puedo sentir una cierta adherencia a la militancia en este tipo de cine, una cierta adherencia, tengo claro que no siento una militancia total y excluyente y tengo la certeza o el rubor de que no voy a poder ni a intentar decir nada increíblemente sagaz sobre ellas. Eso lo dejo para otros.
Leo que António Reis y Paulo Rocha participaron en el rodaje de "Acto de primavera", que Margarida Cordeiro era psiquiatra. Y que las primeras proyecciones en Trás-os-montes no gustaron a los lugareños porque no se apreciaba la creciente modernidad del lugar ni se identificaban con lo que hacían.


"Ana" (António Reis, Margarita Cordeiro, 1982) tampoco es una película de la que uno sepa hacer exégesis increíbles, ni que se me revele como un descubrimiento transformador. Leo que se trabajó en ella durante cinco años, prácticamente los que la separan de "Trás-os-montes", y me parece que es una película que realiza su propia búsqueda.
Yo la siento como más coreografiada, más grave en el gesto, sin caer en la afectación pero, ay, ese peligro acechando siempre. A mi me parece una película hermosa, por momentos hermosísima, , dentro de esas coordenadas de libertad y misterio, en las que intenté vivir a temporadas durante años de cinefilia militante pero que quizás no sean ni hayan sido mi mayor "especialidad", lo que no significa tampoco que sea ciego.
Si inevitablemente las comparo yo diría que prefiero con claridad "Trás-os-montes", tengo la sensación de haber visto más cine como "Ana" y la otra me fascina más, creo que de volver a este cine volvería, volveré, antes a ella. La elegiría siempre que eso no se leyera, simplificando, como un descrédito para "Ana"



jueves, 16 de abril de 2026

VALOR SENTIMENTAL

 Más allá de que resulte una buena o mala película, cuestión que cada vez me parece más como lanzar una moneda al aire, con lo que más discrepo de lo leído sobre "Valor sentimental" (Joachim Trier, 2025) es con esa supuesta adscripción o intento de emular el cine de Ingmar Bergman. Más allá de ciertos motivos en la superficie como la familia o el teatro, que podrían pertenecer perfectamente a la tradición cultural nórdica o de esas latitudes de un Strinbderg, Chejov, Ibsen (la protagonista se llama Nora) la película me resulta muy lejana estilísticamente al cine de Bergman en prácticamente todo (interpretaciones, ritmo, escritura de diálogos y cadencia con que son dichos, música...). Creo jocosamente que a esta película le han hecho un poco "un Rohmer", ese director que ha influido a cualquier película con un menor de 30 años enamorado de alguien, cualquier menor que sepa decir dos frases seguidas.

Independientemente de esta cuestión me ha parecido una película atractiva en cierto modo por su intento de actualizar estos motivos nórdicos a los tiempos actuales. Tiene un dispositivo formal bastante seductor de espacios modernos, fríos, blanquecinos y austeros (la mejor metáfora del film en ese sentido es cómo el protagonista intenta poetizar y dar valor ante una actriz americana una vulgar silla de Ikea). Y tiene un trío que a mi me ha gustado mucho, Renate Reinsve, que es muy renombrada, Stellan Skarsgard , cómo pasa el tiempo, toda una vida desde que se quedó maltrecho animando a Emily Watson a satisfacer sus necesidades en otro Trier, y la desconocida Inga Ibsdotter Lilleas, que a mi me ha gustado tanto como su compañera.
Quizás donde me falla y no me acaba de entusiasmar, aunque sí me parece atractiva, es en cómo infla de aire la narración y en algún momento resulta un aparatoso paquidermo que no sabemos muy bien a dónde pretende dirigirse, estirando artificialmente su duración a más de dos horas. Que sí, de acuerdo, que no tenía ninguna prisa pero ninguna prisa pero uno debe desear que la película no se acabe y aquí hay un tramo final que no me da para más, con todas las cartas boca arriba desde hace rato y el espectador a punto de levantarse en seis o siete fundidos a negro que parecían el final de la película.



miércoles, 15 de abril de 2026

EN BANDEJA DE PLATA

 Pasa el tiempo y en cierto modo parece haber triunfado entre la crítica y parte de la cinefilia el "cánon francés" respecto a los cineastas clásicos del cine USA. Se lee mucho sobre Hawks, Lang, Hitchcock, Nick Ray incluso Ford pero otros parecen haber quedado un poco arrinconados de pasadas loas. El caso más flagrante además de los consabidos William Wyler, George Stevens o Fred Zinnemann (que incluso puedo compartir en cierto modo) es el de Billy Wilder. En los años 90 era Dios y yo diría que ahora se habla muchísimo menos de él.

Eso hace que inconscientemente incluso a mi mismo se me suela olvidar Wilder. Creo que puedo suponer, imaginar, incluso a veces lo he leído qué tipo de dogmas o aprioris rebajan su condición de director mítico. Que si los guiones cerrados a cal y canto, que si lo visual, parece poco cinematográfico, como carente de esa fibra visual y esa libertad de los glorificados por el cánon. Cuando vuelvo a sus películas intento ponerme en esa posición teórica y detectar de algún modo esas debilidades,como intentando explicar qué es lo que ha hecho que haya caído en mi atención.
Vuelvo a "The fortune cookie" (1966) tras aproximadamente tres décadas, aquí llamada "En bandeja de plata" y en los primeros minutos me parece ver una estructura y unos personajes demasiado marcados, previsibles y predeterminados, como si esto fuera una película convencional y rutinaria. Me parece ver una película que promete ser demasiado larga y aparatosa. Me parece ver un Walter Matthau sobreactuado, con unas miradas al vacío o al fuera de campo totalmente salidas de madre. Me parece ver por momentos todo aquello que ha podido hacer que el nombre de Billy Wilder sea menos consagrado de lo que fue en tiempos.
Pero cuando se me deshace en el coágulo en el cerebro (si se me permite el travieso chiste de "Todos dicen I love you") de repente me olvido de todo eso y me reencuentro con una película que necesita otro tipo de mirada para ser disfrutada, no menos rigurosa ni menos exigente sino menos analítica en ese sentido tan estrecho de miras, tan basado en unos principios, cuando a veces hay que ir a buscar los principios adecuados. Porque me parece muy difícil poder encontrar a otro director que yo creo que vaya a trascender tanto como él los siglos con esa visión inigualable de la condición humana, entre el humor y la ternura de buena ley. Me parece difícil encontrar otro director con tantos momentos visuales brillantes, en la composición de los planos y en la fuerza de los espacios (la presentación de ella siempre con un hombre al fondo, el uso de los espejos mientras Lemmon-gigantesco sin pretenderlo- ve un film de Lincoln en el hospital...y todos los que seguramente no podamos percibir porque estamos embelesados con una historia que nos pasa en un suspiro...aunque prometiera ser larga y aparatosa).
Y me suele pasar siempre que vuelvo a Wilder y veo a esos personajes que siempre se mueven por poder, sexo o dinero. Y veo una y otra vez embobado y encantado películas tan conmovedoras, maravillosas y divertidas como ésta (por bien escrita y por bien filmada porque no hay ni una imagen que huela a rutina y aburrimiento). Y tarareo una y otra vez ese vals de André Previn que habla tanto del amor, de la nostalgia, de los espejismos y al final de la recuperación de uno mismo. Es difícil encontrar a alguien que sea tan fascinante, tan seductor y a la vez tan profundo. Hay que repetir más a menudo su nombre porque no se repite lo suficiente. Billy Wilder.



martes, 14 de abril de 2026

LA BAHÍA DEL TIGRE

 Es conveniente que el espectador no entre a las películas dando martillazos con su moral personal. Tampoco es una buena idea que sean las películas las que den los martillazos. Lo interesante es saber dar un tono en que se deje en el alero los sucesos para que el espectador saque sus propias conclusiones, un tono ambiguo e indefinido que confíe en quienes ven la película. Yo creo que a "La bahía del tigre" (J.Lee Thompson, 1959) le cuesta un poco hacer eso.

Es innecesario que nosotros vayamos de moralistas y pidamos que Horst Bucholz sea debidamente castigado pero tampoco tiene mucho sentido la labor de edulcoramiento del personaje que hace la película totalmente pasada de frenada (vuelvo a la secuencia clave y se escucha a su personaje disparar exactamente cinco tiros, es que he vuelto porque llegué a dudar si el crimen que comete no era accidental).
Pero vayamos por orden, la película comienza con un portentoso ejercicio de suspense que me confirma nuevamente a Thompson, y en eso no cambio de opinión, como un valor que se me había pasado por alto. A partir de la segunda mitad uno entra en una fase confusa. Porque no estamos viendo "Frenesí", donde se juega con los puntos de vista y las simpatías del espectador. Se nos insiste repetidamente en que la mujer que ha muerto era malísima y se hace un relato ternurista de la relación de Bucholz con la niña Hayley Mills, donde solo falta la secuencia de Bucholz ayudando a una ancianita a cruzar la calle y otra curando la patita de un perrito. Se reservaban para el final, donde cortaron el plano a tiempo antes de que John Mills condecorara a nuestro héroe y le besara los pies.
La película solo se puede interpretar como "algunas mujeres merecen morir". Cuándo he visto algo así pero bien hecho, sí, creo que "Viento en las velas" sabe dar ese tono que decía al principio. Chávez-Quinn me gusta, me cae bien, tiene una relación conmovedora con la niña y es al mismo tiempo indudablemente un criminal. Los hechos están puestos para que el espectador sienta lo que crea oportuno. Aquí está todo demasiado enfatizado, teledirigido y pasado de azúcar.



lunes, 13 de abril de 2026

TRES AVENTUREROS

 "Tres aventureros" (Roberto Enrico, 1967) es una película basada en una novela de Jose Giovanni.Aprovecharon la primera mitad y el resto parece ser que corrió a cargo del propio Giovanni en la película "La ley del superviviente".

No tiene tanto que ver con el Giovanni policiaco que conocemos. Es una película que entra en esas aventuras que sugiere el título con una brizna medio hawksiana en la que entra el amor, la amistad, la aviación, los coches de carreras, África y muertes gloriosas y poéticas. Tiene todo Hawks dentro pero no es Hawks.
Tiene además uno de los mares más hermosos que se han filmado, junto a "Pierrot el loco" y "Human flower of flesh". Y un trío maravilloso que conforman Delon, Ventura y una chica que no tenía yo ubicada, Joanna Shimkus, una actriz canadiense que estuvo casada durante más cuarenta años con Sidney Poitier, y que desde luego podría haber protagonizado Adivina quién viene esta noche mucho mejor que la sosa de la sobrina de Katharine Hepburn.





domingo, 12 de abril de 2026

TRISTAN UND ISOLDE

(25-1-26): Tarde de gloria en el Liceu. Largamente acariciada además. Casi un año pensando en el 25 de enero, temiendo esa última semana del mes en la que cogí en su día el covid y recordaba temblando que tiendo a ponerme malo. Como estuve algo fastidiado diez días antes el peligro había pasado, claro, ahora qué iba a pasar, ¿va a caerse la red ferroviaría entera acaso?, no fotem. Pues sí, a punto ha estado de peligrar el momentazo pero la diligencia de las empresas de autobús salvaron el domingo de una forma que no pueden ni imaginar.

"Tristan und Isolde" fue escrita entre 1857 y 1859 y estrenada en 1865. Ya no tiene ese deje romántico no tan wagneriano y tan confuso de "Lohengrin", llevaba "Siegfried" a la mitad e interrumpió el trabajo para componer esta obra, una de las que más ríos de tinta han hecho correr en arte moderno.
Habrán leído millones de cosas sobre ella, "Isolda soy yo", la famosa frase atribuida a Mathilde Wesendonck, la amante de Wagner, esposa de un mecenas, rey Marke de la función.
Hemos visto una escenografía muy despojada de Urs Schönebaum, que juega muy bien con el resplandor de las luces que entran por la ventana, con la fuerza de un espacio densudo y da una estupenda noche estrellada en el acto II. Dirige Bárbara Lluch, que es nieta de Núria Espert.
Como los pobres vamos a la ópera en domingo no hemos visto a Lise Davidsen, la aclamadísima soprano wagneriana noruega que ha hecho nuevamente historia en el Liceu como hace un año la hacía la Nadine Sierra de La traviata. Elena Pankratova enfundada de un rojo explosivo ha sido nuestra Isolde. En marzo nueva oportunidad para ver a la aclamada Davidsen aunque sea via satélite desde Nueva York en las mejores pantallas.
Qué más decir, lo más catalán que uno tiene en su personalidad es ese "wagnerismo" desaforado. La felicidad viendo y escuchando esta obra fue extrema, además amenizada por los interesantísimos y absolutamente fascinantes comentarios del libro de Baremboim y Chereau que les puse el otro día aquí que aún no he terminado de leer porque ando saturadísimo de trabajo.
Felicidad extrema mezclada con una inoportuna preocupación sobre cómo volver a casa y qué combinaciones de taxis o buses nocturnos tomar porque la duración se fue disparatando a lo largo de toda la tarde y ya no llegaba al último bus, no sé si porque el bajo-barítno Tomasz Konieczny, que interpreta a Kurwenal, tenía una afección vocal que se fue agravando durante la tarde, hasta pedir megafonía disculpas oficialmente antes de empezar el tercer acto.
Pero finalmente la muerte de amor fue total y absoluta porque provindecialmente la empresa puso uno más de refuerzo dada la crisis del tren y al filo de la medianoche, cual cenicienta volviendo del baile, estaba en casa.
Casi una ópera de cámara. Ese primer acto en que Isolda pone sus ojos en él, la maravillosa noche estrellada del acto II, y el acto final que es para Tristan, Bryan Register ayer, pero lo corona ella con el inconsmensurable Liebestod.
Durante casi un año esto ha sabido a jugar una final deportiva y ayer al salir de nuevo a la calle sabía a título mundial.
Va a seguir la resaca, acabaré el libro y creo que en hay que acercarse a ver lo que hacen en Nueva York allá por el mes de marzo. Y volver una y otra vez sobra esta obra maestra de la vida dirigida desde el podio por la finesa Susanna Mälkki que me parecía que hacía más silencios de la cuenta, y claro, así se alargó a cinco horas...
Las tardes gloria vuelven en mayo, cuando nos despierte la brisa de primavera.